Tomo I Monterrey

Diciembre 1 1887. Número 6.

Quincenal de literatura, social moral y de variedades

Dedicado a las familias.

Al tiempo

María M. Browne

Tiempo implacable que en veloz carrera

Pasas dejando lacerada el alma,

Y destrizando con tu mano fiera

Amor, ternura y venturosa calma.

*

Tú que en constante, eterno movimiento

Sigues tu marcha desoyendo el llanto,

Tú que te ríes cruel del sufrimiento

Esparciendo sobre él tu espeso manto.

*

Tú que te muestras fiero, desalmado

Al llanto aterrador del alma herida,

Detén tu paso… genio despiadado,

Por un momento tu misión descuida.

*

Quiero que veas el oscuro abismo

Do el hado negro de mi suerte impía,

Al hacerme la sombra de sú mismo,

Ha sepultado la existencia mía.

*

Detén tu vuelo ¡oh tiempo! Y luego… olvida!

Sí; olvida que mi espíritu cansado

Al recordarte su ilusión querida,

Con sus ayes tu marcha ha dilatado.

Tomo I Monterrey

Diciembre 1 1887. Número 6.

Quincenal de literatura, social moral y de variedades

Dedicado a las familias.

Fantasía

A SOFÍA REYES

María Garza González

Me hallaba una noche en el insomnio más desesperante; mil pensamientos se agrupaban en mi imaginación y después, como un torrente, pasaban sin poderse detener ninguno. Al fin sentí que el suelo dulcemente vino a posar su débil mano sobre mis párpados y me sentí de improviso transportada a una región desconocida. Oís una voz suave y misteriosa que me dijo: -“Sígueme” -volví los ojos y vi una sombra de túnica blanca, que parecía deslizarse por callejuelas de jazmines y azucenas; el velo que la cubría era dorado, su rostro halagüeño y su boca sonriente me llamaba. Yo vacilaba. “Sígueme-repitió=soy tu ilusión”.-Yo la seguí con avidez.

Me condujo por un lugar amenísimo, hasta llegar a una fuente cuyas aguas al caer levantaban altísimas columnas de vapor; era una nube de menudas perlas que se deshacía en lluvia donde se reflejaban los colores del iris: por las grietas de las encumbradas rocas surgían mil y mil finísimos hilos de blanca argentería que bajaban a besar las aguas y confundirse en la corriente.

La tierra estaba tapizada de verde césped destacándose los flexibles tallos del lirio, mecidos por el impulso del viento, e infinidad de arbustos entrelazaban con la enredadera y la madreselva, cuyas flores perfumaban los blandos céfiros.

Vagaba por esta mansión deliciosa cuando me salió al encuentro un niño lleno de gracia, con su rostro encantador, cubierto por esa candidez que imprime la inocencia en la primera edad; pero al mismo tiempo se desprendía de sus ojos, algo de bello, conmovedor y siniestro que había retroceder. Era el Amor tal, cual nos lo pintan los poetas de la antigüedad,

Agitaba sus alitas y parecía que volaba alrededor de mí; reíase de mi aturdimiento, y aquella sonrisa me desgarraba el alma.

Flora desprendía todo su esplendor. Tres sílfides graciosamente vestidas con túnicas, jugaban en el jardín: rodeaban sus delgadas cinturas anchas listones celeste y color de rosa, formando lazo cuyas extremidades colgaban hasta el borde inferior del vestido: sus negras y rizadas cabelleras echadas hacia atrás; sus suenes adornaban una muy graciosas guirnaldas tejidas de las más exquisitas flores. Arrojábanse ramilletes, reían, cantaban, se cogían de las manos y corrían y bailaban… todo eran gracia belleza, y ternura.

Allí la Hermosura en su carro de triunfo recorría la floresta, yo sorprendida con tan deslumbrante belleza me quedé absorta contemplando tanta maravilla, hasta que me sacó de aquel estupor el bullicio y la alegría de aquellos seres, proponiéndome entonces llegar al fin de la jornada; pero al mismo tiempo retrocedía; me sentía desfallecida, em faltaba valor; pero volvieron a mí, la Hermosura, Las Gracias, las Ilusiones, el Amor, me rodearon todos e hiciéronme su presa; la Hermosura puso una mano sobre mi hombro y me dijo. –“Tú debes amar, tú me perteneces.” Entonces las Gracias entonaron un himno, las Ilusiones acariciaron mi frente, yo conmovida invoqué una alama fuerte, vigorosa, que me sostuviera en trance tan difícil; entre tanto el Amor sacó de una dorada aljaba, que le pendía del hombro, la más aguda de sus flechas, templó su arco y me lo disparó; pro vino a estrellarse sobre una egida invulnerable que se había colocado sobre mi pecho, la flecha no pudo penetrar y se hizo mil pedazos, el niño indignado suspiró tristemente y quiso acometer de nuevo. Volvió el rostro para ver quién me había salvado y vi a Minerva que interponiéndose entre los dijo estas palabras. “Huya de aquí, Cupido, huya de la mansión de los que te temen, nunca verás a las almas que han llegado hasta mí para buscar un destello de la luz que me circunda y los laureles de la gloria para coronar su frente.

Luego que el Amor oyó semejantes palabras abandonó su empresa y emprendió la retirada entre una nube de escarlata: bajé los ojos a la tierra y habían desaparecido las Ilusiones, la Hermosura y alas Gracias, nada más Minerva, permanecía inmóvil, m miraba de un modo extraño y su rostro severo parecía que me despreciaba; quise con caricias demostrarle mi afecto pero no pude; entonces me arrodillé implorando su perdón y diciéndole que de todo aquello nada entendía. La diosa tal vez conmovida volvió a mí y me dijo: “¿Por qué has desesperado de la condición en que te tengo? ¿Por qué no caminas por la senda árida y desierta que llevas, con esa fe ardiente de los pocos varones insignes que se han consagrado a mi culto? Vuelve sobre tus pasos y no te dejes deslumbrar por el falso brillo de las ilusiones que siempre conducen a la juventud por un camino de distracciones e infructuosas inquietudes, cuando no le conducen al abismo. Solo es sabio aquél que sabe vencerse. Tú me has consagrado toda tu existencia y te he asistido, en todos tus desvelos y ya has sufrido y batallado tanto para alcanzar mis verdades; sigue , sigue y no desmayes que al fin de la jornada tendrás tu galardón.”

Cuando hubo acabado este discurso miré su rostro que no estaba tan severo como al principio, y como la vi despacio, descubrí en ella una hermosura irreprochable, pero no una de esas bellezas que trastornan y fascinan; sino una beldad sencilla que inspira veneración por la dignidad de que estaba revestida: echó su manto sobre mí y me dijo: -Adiós, tiempo es ya de que partas, no olvides que Minerva te ofrece su ayuda cuando te encuentres en algún abatimiento; pero llámame que yo te auxiliaré.”

¡Ah, Sofía! En aquel momento me consideré la más feliz de las mujeres, veía mi gloria cidrada en aquellas palabras, lloré y estreché con efusión aquella mano bienhechora, la besé repetidas veces. La diosa desapareció y yo sentí un vacío en el alma, un aislamiento completo, desperté y vi que todo era un sueño; pero un sueño misterioso que me hizo grandes revelaciones.

Sentíme llena de valor para emprender vigorosamente mi jornada para el porvenir. Tú conoces, querida amiga, cuánta es la fragilidad de nuestro sexo, y podrás considerar lo que produciría este sueño, esta revelación a mi alma impresionable y algo herida por el fatalismo.

¡Felices los que se sienten con fuerza y valor de sobra para concluir su jornada! ¡Felices los que pueden llegar sin tropiezo hasta el templo de la Inmortalidad, donde son coronados sus afanes por la Gloria, publicadas por sus hazañas por la Fama, y escrito sus nombres por la Historia!

Tomo I Monterrey

Diciembre 1 1887. Número 6.

Quincenal de literatura, social moral y de variedades

Dedicado a las familias.

Desencanto

SONETO

María

Roto contemplo el prisma de colores

Que embellecía las horas de mi vida,

Mi más bella ilusión miré perdida

 Al morirse la fe de mis amores.

La horrible decepción con sus rigores

En mi pecho hace tiempo que se anida,

Clavó en mi corazón dardo homicida

Haciéndome sufrir crueles dolores.

Perdí la paz de mis primeros años

Que un paraíso fue de mi existencia,

Encontré en mi camino desengaños

Que mataron del alma la creencia,

Porque el mundo falaz con sus engaños

Llenó de negras dudas mi conciencia.

Tomo I Monterrey

Diciembre 1 1887. Número 6.

Quincenal de literatura, social moral y de variedades

Dedicado a las familias.

¡CANTA…!

A la Señorita Clara Garza.

Ercilia García

Déjame oír tu misterioso acento

Impregnado de tierno sentimiento;

Tu voz divina me entusiasma tanto

Qua otros mundos elevo el pensamiento.

El zenzontle perdido en la espesura

Gorjeando exhala su cantar sentido

Ahuyentando del alma la tristura

Y el dolor del espíritu abatido.

*

El paro ruiseñor canta orgulloso

Y al cielo eleva su cantar divino;

Y el pintado jilguero, cadencioso

Arroba el ama con su hermoso trino.

Un suspiro angustioso, una queja

Es de la alondra la canción sentida;

Un suspiro de amor… no, ella semeja

El ¡ay! Desgarrador del alma herida.

*

Con nada puedo comprar tu canto,

Es sublime, angelical tu voz;

Al oírte se vierte tierno llanto,

Pues eres ángel que le canta a Dios.

*

¡Canta, Clara! Tu voz arrulladora

Le manda al corazón grato consuelo,

Porque es divina, celestial, sonora,

E imitas a los ángeles del cielo.

Tomo I Monterrey

Diciembre 1 1887. Número 6.

Quincenal de literatura, social moral y de variedades

Dedicado a las familias.

La mujer

CONVENIENCIA DE SU INSTRUCCIÓN

Josefina Campos.

I.

Relegada algunas veces a la condición de esclava de los carochos del hombre, y llevada otras al altar de los dioses para quemarle ahí el incienso de la adulación y de la lisonja, la mujer ha flotado en el seno de las sociedad siguiendo direcciones diversas, según las ideas predominantes en cada época, el atraso o la cultura de los pueblos y la moralidad de las costumbres. De aquí que los hombres pensadores de este siglo, que todo lo escudriña y analiza, buscando el porqué y el objeto de cuanto existe, vuelvan la mirada llena de interés hacia la mitad del género humano; y trayendo en su auxilio la Historia y la Filosofía, para examinar las vicisitudes de la mujer en el transcurso de los tiempo y la influencia que su estado de ilustración ha ejercido en la elevación o decadencia de las naciones, procuren encontrar el sendero que debe guiarla al fin que está llamada a realizar sobre la tierra. Preocupados unos con las ideas antiguas, pero influenciados ya por la ilustración presente, desean solo para la mujer el reino del hogar doméstico y el cultivo de sus buenos sentimientos; entusiasmados otros con las ideas modernas de libertad y de progreso, quieren para la mujer el amplio paso para la adquisición de todos los conocimientos humanos en el orden científico, artístico e industrial, y el participio en todos los asuntos de la vida pública de los pueblos que hasta hoy han sido del exclusivo patrimonio del hombre.

Sin estar nosotras en esta cuestión tan debatida que tienda a determinar la esfera de la acción del sexo débil, porque con nuestra insuficiencia nada nuevo podríamos después de tanto que se ha escrito por una y otra parte, vamos a ocuparnos en este breve artículo acerca de la necesidad y conveniencia de la instrucción de la mujer.

Inspirar a ésta los buenos sentimientos, inculcarle que la virtud es la egida con que ha de presentarse en la lucha del mundo, que su misión es enjugar las lágrimas del que llora, socorrer al desgraciado y sufrir resignada las adversidades de la vida; ser buena hija, esposa fiel y madre amorosa; en una palabra, nutrir su espíritu con los sanos principios que constituyen una buena educación, es lo que a juicio de algunos basta para colocarla en el lugar que le corresponde en el banquete de la vida, sin necesidad de iniciarla en las verdades filosóficas, en la sublimidad del cálculo, ni en el descubrimiento de los secretos que encierra la naturaleza, por medio de las ciencias positivas.

Tal manera de discurrir en nuestro concepto, es defectuosa; porque sin desconocer la necesidad de la educación en la mujer, deseamos también para ella el conocimiento de aquellas verdades que son el alimento de la inteligencia y que constituyen la instrucción propiamente dicha; pues de otra suerte la tarea en la regeneración de la mujer sería incompleta, cualesquiera que sean las opiniones que se tengan acerca de la misión que esta parte de la especie humana, a la cual pertenecemos, tiene que realizar en el mundo.

En efecto, si se reconoce que la mujer está dotada de las mismas facultades que el hombre; si aquella, lo mismo que éste, tiene un alma sensible, inteligente y libre ¿qué razón habría para procurar desarrollo de todas esas facultades en los individuos de un sexo y no así en los del otro?

Si necesario es en la mujer el perfeccionamiento de su sensibilidad, procurando infundirle el amor a lo bello; si necesarios uy conveniente es el desarrollo de su voluntad para que procure el bien; igualmente necesario y útil es ilustrar su inteligencia, por medio de provechosas enseñanzas que la guíen hacia la verdad. Formando así el corazón de la mujer por medio de una buena educación e ilustrado su entendimiento por medio de una útil y sólida instrucción, ella llenará cumplidamente sus deberes y ejercerá su influencia bienhechora en el seno de los pueblos.

Tomo I Monterrey

Noviembre 15 1887. Número 5.

Quincenal de literatura, social moral y de variedades

Dedicado a las familias.

Sueltos

EL CORREO.

De varias poblaciones del Estado, hemos recibido cartas de nuestros agentes, quejándose de que no reciben completo el número de ejemplares que se les remite de “La Violeta”. De Cerralvo nos dicen que en dos correos seguidos les faltaron cinco ejemplares de cada paquete. Otro tanto ha pasado con los que se remiten a Lampazos, de donde nos escriben que faltaron de un solo número seis ejemplares.

Como por ese motivo se nos ocasionan graves prejuicios, suplicamos atentamente al Sr. Administrador, local se sirva de corregir de algún modo los abusos que denunciamos.

¿Seremos atendidas?

LA FIESTA DE LOS OBREROS.

Tuvimos el grato placer de asistir, la noche del día 2 del corriente, al Teatro del Progreso, donde el “Gran Círculo de Obreros” de esta Capital, celebró el XIII aniversario de su instalación con una espléndida velada,

El acto estuvo verdaderamente lucido; los oradores se colocaron satisfactoriamente a la altura de su cometido; el local, adornado con gusto e iluminado con profusión, estaba lleno literalmente por una numerosa concurrencia, en la que se hallaban dignamente representadas todas las clases sociales.

Felicitamos a los entusiastas y laboriosos obreros del “Gran Círculo”.

REPRODUCCIONES.

“El Heraldo”, periódico que se publica en el puerto de Matamoros, ha insertado en sus columnas las poesías “un Ramo” y “Después de la Lluvia” que vieron la luz en el primer número de La Violeta y las cuales pertenecen respectivamente a nuestra Directora y a la Señora Julia Pérez.

Damos las gracias al ilustrado diario de la Heroica por la honra que nos dispensa.

EXÁMENES.

Desde el día 3 del mes actual dieron principio los exámenes públicos en los Institutos de educación primaria para niños de ambos sexos, sostenidos por el Municipio.

Hemos tenido la oportunidad de presenciar los más de esos actos, y en honor de la verdad, hemos quedado en extremo satisfechas y admiradas al ver los adelantos que han manifestado los educandos en las diversas materias que han presentado,

Ojalá y como hasta aquí se siga atendiendo como es debidamente el importante ramo de la instrucción; pues está sabido que de la educación del pueblo depende la felicidad de las nacionales.

Complacidas felicitamos a los encargados de impartir la instrucción y a los padres de familia, por el notable aprovechamiento de la niñez estudiosa.

FOLLETO.

Damos las gracias al sabio Dr. José Ma. Lozano, por el folleto que se sirvió mandarnos, escrito por él en contestación a un artículo denominado “La Vida Universal”, que vio la luz en “El Progreso”, revista ilustrada de Nueva York con fecha 31 de Agosto último.

Con gusto leeremos esa producción que, como del Sr. Lozano, la creemos interesante y notable.

PÉRDIDA IRREPARABLE.

La sociedad regiomontana ha perdido para siempre a uno de sus más queridos miembros. La Sra. Dolores Villarreal de Garza, ha descendido al sepulcro, víctima de una penosa enfermedad.

Nos asociamos al justo dolor de que se hayan poseídos sus estimables deudos, rogando al Todopoderoso, por el eterno descanso de la que en vida fue un dechado de virtudes.

Tomo I Monterrey

Noviembre 15 1887. Número 5.

Quincenal de literatura, social moral y de variedades

Dedicado a las familias.

Opinión de la prensa

“LA VIOLETA.”

Con este modesto nombre ha aparecido en la ciudad de Monterrey un nuevo colega redactado por señoritas de aquella ilustrada y muy simpática sociedad.

¡Adelante! La sultana de Norte Mexicano, debe marcar siempre a la vanguardia del progreso –(“El Comercio” Parras, Coah.)

“LA VIOLETA”

Este es el nombre de un elegante periódico que han comenzado a dar a luz varias señoras y señoritas de Monterrey, y que han tenido la amabilidad de remitirnos.

Les deseamos el mejor éxito en esta empresa. –(“El Orden” de Cuernavaca, Morelos.)

“LA VIOLETA.”

Tal es el título de un nuevo coleguita redactado por varias señoritas y que se publica en la ciudad de Monterey.

Mucho nos complace que el bello sexo tome un participio activo en el movimiento literario de nuestro país. Con placer correspondemos tan amable visita, deseando al simpático colega éxito completo y larga vida. (-Periódico Oficial de S. Luis Potosí)

Mucho agradecemos los buenos deseos y bondadosas frases de tan atentos como ilustrados colegas.

Tomo I Monterrey

Noviembre 15 1887. Número 5.

Quincenal de literatura, social moral y de variedades

Dedicado a las familias.

Irene o la roca del suspiro

(TRADICIÓN VASCONGADA.)

Por Rosario Acuña de Laiglesia

En las montañas de Vizcaya, bajo un cielo ceniciento, y en su costa bordada de escollos y salpicada por un mar casi siempre turbulento y sombrío, sobre un promontorio de granito que avanza en áspero talud entre las olas del Océano, álzanse, en la misma roca asentadas, las ruinas de un castillo medio cubiertas de zarza y de yerba, y solamente habitadas por el espantadizo búho y el medroso murciélago; como toda ruina, tiene su tradición y leyenda y como toda leyenda, la suya sencilla, apasionada y melancólica, levantándose como indecisa niebla ante fulgor de la aurora, sobre aquellas piedras carcomidas por el paso del tiempo y el constante batir de las olas.

Cuentan que allá en lejanos días, cuando el castillo se elevaba arrogante vivía en su recinto un anciano señor de noble linaje, aunque de escasas rentas, que por su mejor fortuna tenía una nieta, bella como una mañana de primavera y de alma angelical como la sonrisa de un niño; pobres y retirados a la morada de sus mayores, vivían con algunos fieles y antiguos vasallos; tan ajenos a las vanidades mundanas como felices con su ignorada existencia.

No lejos del castillo, y , sobre la misma costa, existía una populosa, ciudad, punto de partida y puerto seguro de los aventureros del Nuevo mundo; llena de mercaderes y de nobles enriquecidos con el oro de las Américas, era un recinto albergue de todos los placeres y semillero de todos los vicios; en ella , disfrutando de cuanto la fortuna alcanza, vivía un pechero a quien por su oro acababan de dar flamante nobleza, el cual tenía un hijo, mozo de gallarda presencia y corazón valiente para riñas y cuestiones, pero de alma voluble e imaginación soñadora, y de tan frágil voluntad que jamás pudo en cosa alguna demostrar la virtud de la constancia; cómo fue, no se sabe, pero lo cierto es, que en una excursión que hizo a los alrededores, conoció a Irene la castellana, como en la comarca la nombraban y ávida su alma de la pureza, cansada el cieno en que siempre vivió, sintió abrasadora la llama del amor, consiguiendo, al fin, que la joven le diera algunas citas al pie de su morada, entre los mismos escollos de la costa.

Lo que había de suceder se realizó; el mozo amante, la doncella rendida al primer aliento del su virginal corazón, ambos se amaron, pero ninguno de los dos selló su alianza con iguales cadenas; mientras la virgen entregó los tesoros de su alma apasionada, el doncel dejó vagar su pensamiento en los espacios de un porvenir desconocido, y mientras ella dijo “después de su amor, la muerte”, él pensó “después de mi pasión, el hastío”.

Así las cosas, y en una noche de plácida velada, uno de los servidores del castillo, hablando de los sucesos próximos a realizarse en la vecina ciudad, dijo, ignorante acaso de los amores de su joven señora, o tal vez deseando curar el mal, que no desconocía, que era cosa cierta la boda del hijo de Don Diego con una judía recién convertida al cristianismo; oyóle la joven, se cambiaron las rosas de sus mejillas en blancas azucenas, temblaron sus labios con el primer latido de la fibra, y una lágrima rebelde a la voluntad, saltó abrasora por el cristal de sus ojos, quemando silenciosa el rostro de la acongojada doncella; después, ella, en lo profundo de su corazón, al amor redimido y por el amor alentado, surgió, como destello vivísimo de voraz incendio, un deseo impetuoso de ternura, una ola, de apasionada confianza que, invadiendo su alma, con los efluvios generosos de un amor infinito, hizo brotar a sus labios la palabra “¡imposible!” dejando a su imaginación adormida en los cariñosos brazos de la esperanza.

-Esta noche, como todas las de luna nueva, vendrá mi amado a la roca de la playa, y allí, con las caricias de sus ojos, con el vibrar de su enamorado acento, desmentirá esa noticia absurda de su boda, que solo pude oírla para convencerme de que era falsa.

[Continuará.]

Tomo I Monterrey

Noviembre 15 1887. Número 5.

Quincenal de literatura, social moral y de variedades

Dedicado a las familias.

Una Carta

De la ciudad de México se nos ha dirigido la carta que a continuación publicamos, en la cual su autor nos felicita por la publicación de “La Violeta” y nos excita, con halagadoras frases, a seguir con fe nuestras periodísticas tareas.

Nosotras, al darle, publicidad, lo hacemos, no porque nos creamos merecedoras de los elogios que en ella se nos prodigan, sino impulsadas por un noble sentimiento de gratitud hacia el autor, cuya modestia nos impide dar a conocer su verdadero nombre; pero, sin embargo, eso no obsta para que, por nuestra parte, le estemos profundamente agradecidas.

He aquí la carta:

*****

De México a Monterrey, Octubre 19 de 1887.

Srita. Ercilia García:

No quiero demorar ni un solo instante la satisfacción de expresar a V. en estas líneas escritas al calor de un justo entusiasmo, cuánto es mi deleite al concluir la lectura del primer número del modesto a la par que bien escrito periódico de cuya dirección está V. dignamente encargada.

Deber de todo mexicano sinceramente amante de su patria es prodigar palabras de aliento, siempre que se inicie alguna obra meritoria; y yo, siquiera sea el más humilde de todos, incurriría en una imperdonable omisión si guardara silencio hoy que acabo de recorrer, experimentando gusto inefable, las interesantes páginas de una publicación en que V. eficazmente secundada por varias escritoras y poetisas muy inspiradas.

            A todas les envío una calurosa felicitación, permitiéndome excitarlas a que por ningún motivo desmayen en su noble empresa. Muchas contrariedades habrán de sufrir, es verdad, porque el sendero que pisan está lleno de abrojos, y sólo de trecho en trecho ofrece a la cansada vista alguna flor marchita; pero deja al fin en la conciencia una tan dulce recompensa el fin honroso de la jornada, que hay que proseguir sin vacilaciones, aun cuando se llegue a ella con las planta y las manos sangrando. Acaso el mundo se mostrará ingrato; no importa: Dios las premiará con sus más santas bendiciones.

FIGARETE

Tomo I Monterrey

Noviembre 15 1887. Número 5.

Quincenal de literatura, social moral y de variedades

Dedicado a las familias.

El sí

DESCRIPCIÓN DE UN CUADRO.

Dolores Delahanty

Era de Abril una mañana hermosa,

Cuando al jardín bajamos muy ufanos,

Unidos ambos por las níveas manos

A hacer coronas de laurel y rosa.

Sí, fue de Abril esa mañana hermosa.

Teng en mi mente ese felice día,

En que tú me dijiste, “¿serás mías?”

Y un “sí” te respondí con voz llorosa.

¿Por qué así te respondí? Lo ignoro:

¿Y mis ojos vertieron ese llanto?

Porque pienso que tú no me amas tanto,

Mientras que yo, mi bien, mucho te adoro.