Tomo I Monterrey

Noviembre 15 1887. Número 5.

Quincenal de literatura, social moral y de variedades

Dedicado a las familias.

A ISABEL

En su álbum

María Garza González

Sabe, niña, que la vida

Se desliza fácilmente;

Y del mundo a la pendiente

El destino nos conduce.

*

Es fugaz sombra que cruza

Y que lleva en raudo vuelo

Grande pena y desconsuelo

Y amarguras que produce.

*

En esta vida transitoria

Que navega en frágil barca

Es un páramo, es un arca,

Do se anidan los azahares. 

Y consumen la existencia

El luto y los desengaños,

Que vienen tras de los años

Aumentando los pesares.

*

Y si tú también encuentras

De la senda a los albores

Las espinas tras las flores

Que te arrancan cruel gemido

No te arredres, niña mía,

Pues muy fácil se mitiga

Si tu pecho siempre abriga

La virtud que tuya ha sido.

*

Esa virtud no mentida

Que ha llegado a enaltecer

Al que sabe padecer

Y soportar los rigores.

Que llegando hasta el martirio

Con fe y resignación,

Soporta en el corazón

Con paciencia los dolores.

Tomo I Monterrey

Noviembre 15 1887. Número 5.

Quincenal de literatura, social moral y de variedades

Dedicado a las familias.

El invierno

Ercilia García

Los árboles empiezan a despojarse de su verde vestidura; las hojas se tornan amarillentas al faltarles la sabia vivificante que les daba vida. Es que el invierno se aproxima, es que pronto tenderá su helado manto, trayendo en pos la tristeza y la melancolía. El campo pierde su verdor y su hermosura; en breve dejará de oírse el dulce canto de los pájaros que alegres lanzan al viento sus armoniosos trinos, ocultos entre el verde follaje de los copudos árboles, y hasta la fuente bulliciosa que murmura dulcemente al pasar por entre guijarros y espadañas, dejará correr tristemente su aguas cristalinas.

Cuando la tarde decline, no veremos ya los encantados celajes teñidos de amaranto y grana con que orgulloso se viste el horizonte, ni las sonrosadas tintas con que se anuncia la aurora al despuntar el día; y si aparecen, no tendrán la célica poesía de que están dotados para hermosear esa divina estación del año, cuando miramos más azul el firmamento; cuando el astro Rey manda con más fuerza sus dorados rayos; cuando las flores ostentan majestuosas su pública belleza, embalsamando el tibio ambiente con sus perfumes embriagadores.

¡Qué triste también, es el invierno de la vida! Cuando el corazón cansado por las contrarias pasiones que en él germinan, herido por los crueles desengaños y la fe próxima a extinguirse, decepcionado da un adiós al engañoso mundo y solo suele gozar, en su indiferencia, cuando la mente se pierde en el mundo ideal de los recuerdos.

El corazón, al entrar en el triste invierno de los años, pierde sus ilusiones que, a semejanza de las bellas flores que al ser mecidas por los primeros vientos otoñales, pueden sus colores y mustias y deshojadas inclinan sus corolas: así el corazón, azotado por l furioso torbellino de las pasiones, se envuelve en el frío manto de escepticismo disfrutando pocas veces de ese feliz estado de tranquilo bienestar, que nos hace olvidar por instantes nuestros dolores.

Tomo I Monterrey

Noviembre 15 1887. Número 5.

Quincenal de literatura, social moral y de variedades

Dedicado a las familias.

Un mendigo

Dolores Correa Zapata

A la puerta cerrada de un magnate

Un pordiosero se paró una vez,

Y con acento suplicante, dijo:

¡Dadme agua por piedad, muero de sed!

A cada instante, el pobre más sediento,

Más fuertes golpes a la puerta dio,

Agotando, al llamar, todos los tonos,

El coraje, la súplica, el dolor.

El eco de su voz vibraba apenas,

Cuando, al fin, le trajeron de beber…

¡Vano trabajo! El infeliz mendigo

Estaba en realidad muerto de sed!

Hace ya mucho tiempo… no sé cuándo

A la puerta de tu alma llamé yo

Y, con acento de mendigo, dije;

¡Ámame, por piedad, muero de amor!

Es hermana tal vez de aquella puerta

La puerta de tu alma dura y cruel:

Bien sabe Dios que en vano todos, todos

Los tonos de la súplica agoté.

Hoy he visto en tus ojos una lágrima:

¿Ahora pretendes apagar mi sed?…

Guarda tu amor para otro pordiosero;

Que mi alma es un cadáver… ya lo ves.

Tomo I Monterrey

Noviembre 15 1887. Número 5.

Quincenal de literatura, social moral y de variedades

Dedicado a las familias.

VERSOS

Leídos por la niña Elisa Tijerina alumna del tercer Instituto municipal de niñas, en los exámenes públicos versificados el día 13 del actual.

Ercilia García

Justo entusiasmo al corazón anima

Cuando en el tempo del saber estamos,

Deseando que la ciencia nos redima

De la ignorancia vil que despreciamos.

*

La mujer, por la instrucción, progresa

Y no se mira con desprecio cruel;

De ser esclava deja, y con la promesa

De nivelarse al hombre, cumple fiel.

*

Paso, pues, a la mujer instruida

Que marcha a su grandeza con anhelo,

Y que al salir de su humillante vida

La admira el mundo y la bendice el cielo.

*

¡Adelante! adelante, y llegaremos

A las cumbres divinas del saber

¡Adelante, sí, y alcanzaremos

La gloria que merece la mujer!

Tomo I Monterrey

Noviembre 15 1887. Número 5.

Quincenal de literatura, social moral y de variedades

Dedicado a las familias.

Ilusiones y desengaños

A LOLA

María Garza González

En la primavera de la vida se presenta a nuestros ojos un horizonte de puro y límpido azul; todo lo vemos cubierto con los más brillantes colores, y nuestra mirada no encuentra sino una senda cubierta de flores.

No parece sino que al venir al mundo, al abrirse nuestros ojos a la luz, la ruta que nos traza el destino es por un florido vergel donde solo se recogen flores y mariposas; y cuando nos sentimos fatigados por el cansancio nos sentamos a la sombra de los árboles, y allí, contemplando la floresta, oyendo el suave murmurio de la fuente cristalina y aspirando el aroma de las flores, nuestra mente se extasía en mil creaciones imaginarias que halagan nuestros juveniles años. Infinidad de pensamientos halagüeños pasan en tropel, y juzgamos realizable todo aquello que parece imposible; concebimos esperanzas lisonjeras y gozamos con las bellas imágenes forjadas en la fantasía.

Y a medida que crece el entusiasmo, en pensamiento se extiende más y más; el porvenir se nos presenta risueño; una aureola de dichas y contento nos rodea, y una cadena no interrumpida de goces y alegrías forma nuestra vida; de nuestros ojos solo se desprenden lágrimas de regocijo, porque son desconocidas las penas y los sufrimientos.

Es la edad feliz querida, querida niña; es cuando verdaderamente se goza, porque en el corazón de la niñes es donde se albergan las ilusiones, y si bien se llora, nos son lágrimas amargas las que se vierten, son perlas de rocío que riegan el carmín de las mejillas. En esa edad florida. Solo encontramos miradas tiernas, sonrisas amables, palabras dulces, halagadoras promesas, amistad sincera, cariño puro y amor santo. No hay falsedad, no hay mentira; nuestros ojos, ciegos a la acerba realidad y cubiertos por el velo de la inocencia, juzgan lo aparente por lo real; no pueden traspasar más allá, son muy escasos de luz para ver el error en que viven; se necesita seguir caminando por el sendero de la vida para que poco a poco descubran la verdad.

Se emprende de nuevo la jornada y a medida que avanzamos, nos alejamos de aquel ameno jardín donde recogimos tantas flores y contamos mil pintadas mariposas; ya no se deslizan nuestros pies con la facilidad que lo hacían al principio; a cada paso tenemos que detenernos por las grietas que presenta el terreno, tan árido y desierto, que es preciso caminar mucho para encontrar una flor o una fuente para calmar la sed que nos abrasa; con cuánto sentimiento vemos que la flor que llegamos a encontrar, se deshoja en nuestras manos al separarla de su tallo, o nos clava las punzantes espinas; ahí empezamos a derramar las primeras lágrimas causadas por el dolor y el sentimiento.

Incomprensible es lo que pasa entre nosotros, tendemos la mirada hacia atrás, y vemos que es mucho lo que hemos recorrido; pero mayor es lo que nos falta todavía, y quizá lo más difícil. Un temor nos asalta de improviso, y queremos suspender nuestra marcha, pero imposible, el pensamiento no se detiene en forjar nuevas ilusiones. Oímos un alegre murmurar, semejante al que produce la corriente de las aguas, y seguimos con ahínco nuestro camino: ¡adelante! Nos decimos, y después de mucho andar nos encontramos a la orilla de un caudaloso río que arrastra en su carrera cuanto encuentra; y absortos nos paramos sin saber cómo salvarlo, de modo que las aguas nos sepulten en su seno. En trance tan difícil nos anuncia el corazón un funesto presagio, e invocamos un auxilio, y sin saber cómo ni cuándo salvamos el peligro.

La fe no nos abandona: se nos presentan los primeros tropiezos y seguimos adelante con la esperanza de ver el campo más florido que en nuestro entusiasmo soñamos; pero ¡ay! A medida que avanzamos, el terreno se nos presenta a cada paso sembrado de espinas, hasta que acaba por parecernos un desierto donde no encontramos ni una gota de agua con que remojar nuestros apagados labios.

Triste es ver la realidad; pero tenemos que llegar a ella tarde que temprano.

Tal es la vida. Lola: tan solo una época hay en que se es feliz, porque no vemos el error en que vivimos: a esa edad no es posible distinguir lo verdadero de lo falso; con facilidad se nos engaña y con la mayor buena fe del mundo creemos lo que se nos dice; pero pasan los años y viene la reflexión. Los crueles desengaños con su sacrílega mano arrancan la venda que cubre nuestros ojos, y nos presenta la verdad desnuda. ¡Ah! ¡entonces un torrente de lágrimas corre por nuestras mejillas! ¡Estas sí son lágrimas amargas!… ¡Cuánto deseamos aquella edad en que fuimos tan felices!… Pero imposible, porque el tiempo que pasa, jamás vuelve; tenemos que seguir caminando por la senda que nos traza el destino, y cada paso que damos es un día menos y un desengaño más, una ilusión muerta, una hoja que se desprende del árbol de la vida.

¡Adiós ilusiones! ¡adiós felices horas de contento! Ya no hay dicha cumplida; aquella fe ciega que teníamos se disipó como el humo, para dar lugar a la desconfianza. Ya no sentimos ninguna grata sensación al oír halagüeñas palabras, porque tras una sonrisa se descubre la mentira; ya no nos espera sino desengaño tras desengaño.

Muchas veces vemos que aquella persona en quien depositamos nuestra confianza, a quien entregamos nuestro cariño, nos engaña y juega con nuestro corazón como con un pedazo de cera.

Entonces ¿con quién podremos compartir nuestras penas? ¿Quién enjugará nuestras lágrimas en las horas de sufrimiento? Nadie. Guardaremos en el fondo de nuestra alma el dolor que nos consume, porque no hay un ser en quién depositar nuestra confianza: es difícil encontrar quien nos comprenda; nos presentaremos al mundo con la faz alegre, con la sonrisa en los labios y la hiel en el corazón. Nada le importan nuestros pesares, y si llega a mirarnos alguna vez, es o para reírse de nuestras penas, o para desgarrarnos el corazón con su falacia.

Sí, querida amiga; y si quieres no sufrir decepciones, corresponde con igual cariño al que te manifiestes; quiere, comprende y compadece; no cierres tu corazón a los que buscan abrigo en tu cariño, pues una de las más grandes satisfacciones es ser útil a las personas que preciamos; llorando pesares ajenos se mitigan los propios, y nuestra alma no cabe en sí de gozo al dar alivio con nuestras lágrimas a otra alma que está tan afligida como la nuestra.

Tomo I Monterrey

Noviembre 15 1887. Número 5.

Quincenal de literatura, social moral y de variedades

Dedicado a las familias.

Lágrimas fecundas

Heliana

Cuando la pura gota de rocío

sobre el pétalo rueda de la flor,

Este se alza en su talle con más brío

y esparce suave olor.

Mas si al fondo del cáliz se desliza,

la flor estremecida de placer,

sus castas hojas amorosa riza

y fecunda su ser.

Así, cuando las lágrimas del alma

corren como copioso manantial,

recobra el corazón la ansiada calma

y se alivia su mal.

*

Pero si el llanto del pesar no brota

así como el rocío con la flor,

va cayendo en el alma gota a gota

y fecunda el dolor.

Tomo I Monterrey

Noviembre 15 1887. Número 5.

Quincenal de literatura, social moral y de variedades

Dedicado a las familias.

A LA LUNA

Ercilia García

Mi mente soñadora

Que admira la belleza

Hoy piensa dedicarte

Sus trovas con amor.

Mi lira pulso ahora

Perdón si la tristeza

Me hace consagrarte

Un himno de dolor.

_

Yo quiero, luna bella,

Que sepas los pesares

Que crueles acibaran

Mi triste corazón.

Luchando con mi estrella

Te envío mis cantares,

Que a impulsos ¡ay! brotaron

De mi única ilusión.

_

De Diana los fulgores,

Asoman por Oriente;

Se escucha en la campiña

Fantástico rumor.

El ave entre las flores

Cantando dulcemente,

Suspira cual la niña

Que llora por su amor.

 –

Mi alma entristecida

No admira este paisaje,

Que a poetas soñadores

Les presta inspiración

Que solo ¡ay! En la vida

Del mundo en el oleaje.

Desgarran los dolores

Mi pobre corazón.

El sol al despedirse

Da encantos a Natura,

Que todo ser que siente

Lo sabe idealizar

Mi alma al confundirse

Al mal que la tortura

Siguiendo su corriente

No puede, no, gozar.

La luna silenciosa

Que alumbra tristemente

Cruzando el firmamento

Con mucha lentitud,

Disipa presurosa

La bruma que inclemente

Tortura al pensamiento

Con cruel ingratitud.

Yo adoro, luna hermosa,

Tus célicos fulgores,

Tu luz amarillenta,

Tu opaca claridad;

El aura rumorosa

Que juega entre las flores…

Y mi alma se alimenta

Con tanta variedad.

Tomo I Monterrey

Noviembre 15 1887. Número 5.

Quincenal de literatura, social moral y de variedades

Dedicado a las familias.

La mujer

ELISA

Gran número de personas y algunos fisiólogos consideran a la mujer como un ser abyecto, degradado, incapaz de aspirar a iluminar su inteligencia con la fulgurante antorcha de la ilustración, y dicen que debe, humillada, ceder a la superioridad del sexo masculino. ¿Por qué? ¿por ventura la ilustración no es un formidable dique que contiene el ímpetu de todos los vicios y pasiones, y la ignorancia la que en su negro caos los produce y desarrollo? ¿Acaso la mujer no tiene un grandioso deber que llenar, y el cual desempeñará mejor, siendo instruida antes que ignorante? La base en que estriba la sociedad es la familia, y el hogar es el solio de la madre y de la esposa, porque la mujer es el alma del hogar; he aquí por qué no se le debe prohibir el estudio de las artes y ciencias, par que en un caso dado, pueda atender con desahogo a la subsistencia de sus ancianos padres o tiernos hijos; cosa que hoy  solo puede conseguir tras largas horas de ímprobo trabajo, porque las sendas que le sería más fácil recorrer están vendadas para ella. 

La mujer instruida será un apoyo para sus caducos padres, una amiga cariñosa y fiel consejera para su esposo, y una perfecta y sabia maestra para sus hijos. Ella está destinada a perfumar la existencia de su esposo y embellecer el templo sagrado de la familia.

La mujer ve surgir a su paso inmensos horizontes, interminables vías, playas ignoradas, aéreos espacios, donde obedeciendo al entusiasta impulso de su corazón, a la mágica y potente voz de su deber y posesionándose de su grandiosa misión, hallará no el vano homenaje a sus gracias físicas; no vano y frívolo aplauso que obtiene en los salones la hermosa dama adornada de ricas blondas y deslumbrantes joyas, no; la mujer que cultiva su corazón y su entendimiento, verá inmortalizadas las gracias de su talento y vasta instrucción en sus descendientes, y transmitirá de una edad a otra la civilización de cada época.

En la infancia se forma el corazón del individuo, porque el corazón de un tierno niño se impresiona fácilmente y se presta para hacer de él un genio benéfico o un azote de sus semejantes, y la mujer tiene la delicada tarea de inculcar en los corazones de sus hijos los sublimes preceptos de la más pura moral, de la ardiente caridad y del amor al trabajo e ilustración: ella deben  inspirarles sentimientos de nobleza, de abnegación y elevada generosidad, formando así un ser útil a la sociedad y a la patria. Pero para difundir las balsámicas y suaves brisas de la fe, ilustración y talento, necesita la mujer aspirarlas: antes de formar otros corazones tiene que formar el suyo, desprendiéndose de las rancias preocupaciones y siendo la personificación de las ideas, vigorizando, cultivando y despejando las brumas de la inteligencia del tierno adolescente y siendo el verdadero ángel del amor.

Tomo I Monterrey

Noviembre 1 1887. Número 4.

Quincenal de literatura, social moral y de variedades

Dedicado a las familias.

Ante la tumba

DE MI INOLVIDABLE PRIMA FELICITAS ARREOLA

Ercilia García

Bajo esta fría y funeraria losa

Los restos yacen de una amiga amada

El sueño de la muerte ya reposa

Y su alma tiene el cielo por morada

*

Mi lira gime con dolor creciente

Al recordar nuestra amistad sincera…

¿Por qué el destino se mostró inclemente

Y nos separa con su saña fiera?

*

Ya no contemplo tu sonrisa pura

Ni de tus ojos el fulgor divino

Solo miro la copa de amargura

Y sembrando de abrojos mi camino.

*

Si sufrías, en mi alma tus dolores

Un tierno sentimiento despertaban;

Y de mundo los férvidos rigores

Nuestras almas unidas soportaban

Mas sola ahora en el erial del mundo

Nadie entiende mis goces o sufrir

Que a nadie digo mi dolor profundo

Pues nadie sabe, como tú sentir.

*

Goza en el cielo amiga idolatrada,

Y mira mi dolor desde esa altura…

Que yo en tu humilde tumba arrodillada

Deposito la flor de mi ternura.

Tomo I Monterrey

Noviembre 1 1887. Número 4.

Quincenal de literatura, social moral y de variedades

Dedicado a las familias.

La mansión de los muertos

NN.

¡Todo es triste y lúgubre en la mansión de los muertos!¡ El corazón se oprime al contemplar el sombrío reino de la muerte!…

Aquí, reposan las cenizas de un ser querido, allí, las de un amigo con quien nos estrechaban lazos de verdadera amistad; allá, los restos de un esclarecido campeón que con su indomable valor venció en cien combates; acullá, la losa de un hijo de Apolo de un artista o de un genio que asombró mundo con los acordes de su lira, con sus mágicos pinceles, con las sonaras notas arrancadas de su divino instrumento, o con su erudita y profunda sabiduría, cuando no con sus evangélicas y filosóficas conversaciones en el interior del templo de Dios, arrancando con ellas raudales de lágrimas purísimas a los fieles oyentes.

La soledad que reina en aquel tétrico recinto da pavor, a pesar de encontrarse allí reunidos, aunque inanimados, tanto seres queridos con quienes nos unieron vínculos estrechos en íntimo cariño cuando vivían entre nosotros… ¡Ay! Pero al considerar que ya sólo existen los restos de la prosaica materia, se aflige el espíritu y nos recuerda la triste condición a que está sujeta la humanidad.

Por esto hay gentes de suyo tímidas de jamás visitan la mansión de los muertos: las amedrenta el estar en medio de tantas sombrías sepulturas, y les sugiere a la mente mil tétricas ideas; solo los que están dotados de un alma fuerte, visitan con frecuencia los restos de sus semejantes: también los que no toman a lo serio los infundados temores que inspiran los muertos, visitan los panteones, si no con el alma llena de gozo, al menos por una costumbre, el día de finados, a depositar una ofrenda o un recuerda a los que dejaron de ser.

Las lágrimas se vierten en aquel recinto poblado de tumbas y de cruces; en aquel lugar destinado al descanso eterno, el día señalado por el catolicismo para conmemorar a los que fueron. No se celebra allí las hazañas mundanales, sino únicamente se recuerda con el corazón apenado, aunque en medio del bullicio de los vivos, a aquellos seres que más amamos en la vida y que por ley ineludible de la Providencia dejaron este valle de amargura para trasportarse a lo inconmensurable.

Los que nos quedamos, los que esperamos aún la hora señalada para la eterna partida, vamos a las tumbas de los que se fueron a depositar en ellas, con lágrimas del corazón la más exquisita flor de nuestros sentimientos.