Tomo I Monterrey
Abril 1 de 1888. Número 13.
Quincenal de literatura, social moral y de variedades
Dedicado a las familias.
Suelto
“EL CORREO DE LAS DOCE”
Este ilustrado diario de la capital de la Republica, se sirve reproducir en su número 1268, dos composiciones de “La Violeta.” “Tus Ojos” y “Lamentos” de nuestra Directora.
Damos las gracias por tan honrosa distinción.
Tomo I Monterrey
Abril 1 de 1888. Número 13.
Quincenal de literatura, social moral y de variedades
Dedicado a las familias.
La Oración del Huerto
María Garza González
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Luego que el Divino Maestro salió del Cenáculo, se dirigió con sus discípulos al Monte de los Olivos.
Pasó con ellos la Puerta Doria, descendieron al Valle de Josaphat, cruzaron el torrente Cedrón, siguieron caminando por riscos y cavidades, entre la espesura de matorrales y muchos árboles y costeando la falda del Monte de los Olivos llegaron al jardin de Gethsemaní.
Jesús señaló á sus discípulos Felipe, Simón, Mateo, Santiago el menor, Bartolomé y Tomás una roca blanquísca que allí había diciéndoles: “Sentaos aquí mientaas voy á orar.’
A Pedro, á Santiago el mayor y á Juan les dijo: “Venid conmigo y acompañadme.”
Anduvieron los cuatro algunos pasos más hacia el Norte y se pararon en un peñasco rojizo que sobresalía de la tierra como dos pies.
El señor dijo á sus discípulos:
“Esperadme aquí: velad y orad para que no entreis en la tentación.”
En seguida se separó de aquel sitio.
Estaba demudado profundamente, sus mejillas se veían blancas, sus lábios pálidos: se ofusca su mirada con una lágrima al retirarse. El Evangelio expresa que se arrancó de sus tres discípulos al irse de aquel lugar.
Jesús se dirigió a una gruta que estaba cerca.
En aquel huerto, bajo aquellos árboleda, al límpido resplandor de la luna y sintiendo el aislamiento, Jesús se hincó de rodillas, se postró con profunda humildad y congoja poniendo su faz en la tierra y comenzó su oración diciendo:
“Padre mio: si es posible, haz que pase de mí este cáliz……..!”
Se quedó meditando un rato en esa postura.,. ¡parecía un bulto inerte encima del suelo.
Estaba solo, nadie podía ver su dolor, su quebranto inmenso; nadie podía percibir las palpitaciones de su corazón tan lleno de penas y de aflicciones.
Se enderezó quedándose de rodillas, con las manos alzadas y los ojos mirando al cielo: una angustia extremada parecía sofocar su espíritu y hacer desfallecer su cuerpo rendido por la fatiga.
“Padre mío, Padre mío, volvió á hablar: si es posible……..que pase de mí este cáliz.”
Y á pocos momentos retrocediendo en su pensamiento concluyó: “¡Pero no…..no se haga, Señor, como yo quiero, sino como lo quiera tu voluntad!”
Jesús, al concluir su meditación, manaba sudor y sangre en todo su cuerpo y había hundido con sus rodillas la dura roca en que estaba hincado.
Se puso en pie Jesús, se limpió el sudor que corría por sus sienes y por su frente y fue á ver á sus tres discípulos que había dejado velando y acompañándole.
Dormían los tres…….
¡Los que mejor lo comprendían y que má lo amaban, sus caros discípulos, estaban durmiendo! ¿Y en que ocasión? Cuando El estaba en el mayor sobresalto, en el cuidado más angustioso, en la hora horrible de verse entre grado para morir!
Después de contemplarlos unos instantes llenos de tranquilidad y calma, los despertó diciendo:
“Pedro, Pedro, ¿no habeis podido velar una hora conmigo?…….. Velad y orad; no caigais en la tentación. El espíritu está pronto pero la carne enferma.”
El Salvador volvió á su oración se arrodillo de nuevo, se postró; lloraron sus ojos, temblaron sus carnes, llegó á la agonía, que es la lucha de la vida entre los brazos de hierro con que la muerte la estrecha al asirla como su presa.
La oración del Redentor ascendió á los cielos: el Padre oyó las súplicas de su Hijo, objeto de su amor y sus complacencias.
Un ángel descendió del Cielo, trayendo en la mano una copa de oro que ofreció al Señor con ternura y con reverencia, y le dijo palabras misteriosas, indefinibles que trascendían al aroma suavísimo del consuelo…..
El ángel besó la tierra regada con sangre, sudor y lágrimas, y retrocedió al Cielo.
Repitió Jesús dos veces la visita á sus discípulos y los halló siempre durmiendo: tenían sus ojos cargados de sueño. En la última vez les dijo revelando amor y conformidad.
“¡Ea! dormid, reposad; ha llegado la hora en que el Hijo del Hombre será entregado.”
En esos momentos se oyó á lo lejos un ruido de armas.
Jesucristo se extremeció y puso su dedo sobre Juan, moviéndole dulcemente.
“Levantaos, les dijo con valor y tranquilidad, levantaos: ved que llega el que va á entregarme.”
Jesús salió al encuentro de los que llegaban con antorchas inundando de luz amarilla el huerto y les ijo: “¿A quien buscais?”
“A Jesús el Nazareno, respondieron aquellos extremeciéndose á la voz del Señor.
“Yo soy,” dijo Jesús.
Y Júdas que la hacía de Jefe se aproximó á él diciéndole:
“Dios te salve Maestro.”
Y le dió un beso en la mejilla, señal de amistad entre los Judíos.
Los soldados ataron las manos del Salvador haciéndole prisionero y echaron á andar con El, llenándole de ofensas y denuestros.
Al ver esto los discípulos huyeron despavoridos.
Escrito estaba que nadie había de acompañarlo en su doloroso trance, que no había de haber quien le prodigara el consuelo; solo se ofrecía en olocausto por salvar á la humanidad y solo sufriría el martirio.
El autor de la libertad estaba preso; había puesto todos los pecados del mundo sobre sus hombros……………
Tomo I Monterrey
Abril 1 de 1888. Número 13.
Quincenal de literatura, social moral y de variedades
Dedicado a las familias.
María al pié de la Cruz
Ercilia García
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Vedla! Vírgen de pálido semblante,
Calsinados por llanto están sus ojos:
Su mirada divina y suplicante
A los cielos eleva con fervor.
Su corazón palpita tiernamente
Y en actitud humilde está de hinojos,
Mirándose el estigma en su alba frente
Del sufrimiento horrible y el dolor.
Es la vírgen de célica hermosura
Que al pié de ese madero está llorando;
Mil suspiros exhala de amargura
Y solloza y pronuncia un nombre amado.
Exhala en su dolor tristes lamentos,
Y en su delirio horrible le está hablando,
Ahogándole la voz los sufrimientos.
A su hijo, que en la cruz está clavado.
Esa es María, la vírgen pudorosa,
Inmaculada madre del Señor,
La doncella inocente y primorosa
Que el Eterno, entre todas escojió.
Es la autora que anuncia el nuevo día:
Es rocío temblando en una flor:
La luz indeficiente que nos guia,
La odorífica flor de Jericó.
………………………………………………………..
Vedla, allí está: sostiene entre sus brazos
El cuerpo augusto de Jesús sn hijo,
Sientiendo el corazón hecho pedazos
Sintiendo que no tiene ya valor.
¡Oh madre sin ventura y abnegada!
En vano buscas con afán prolijo
Cerrar esas heridas, angustiada,
Que abrieron los infieles con furor.
¡Oh María! antorcha bienhechora:
Radiante luz que alumbra la existencia:
Consuelo bedecido del que llora:
Perfume celestial del incensario.
¿Quién puede resistir tu cruel tormento?
Quién no siente turbada la conciencia
Cuando el recuerdo viene al pensamiento
Del martirio sufrido en el Calvario?
Estrella luminosa del creyente,
De los cielos la reina esclarecida,
Y de la tierra el ángel, que clemente
Alienta nuestro espíritu abatido.
Bendita seais dulcísima Maria
A tus plantas me inclino agradecida
Y llevo á ti, con la plegaria mia,
Del corazón tristísimo gemido.
Tomo I Monterrey
Abril 1 de 1888. Número 13.
Quincenal de literatura, social moral y de variedades
Dedicado a las familias.
La Semana Santa
Ercilia García
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I
Hoy los recuerdos piadosos arrebatan nuestro pensamiento, que en alas de la fé vuela á la cumbre santificada por la sangre del Nazareno, y abismado en éxtasis profundo y religioso, contempla el tiernísimo poema, el sangriento drama del Calvario realizado hace 1888 años, y cuyo triste simulacro celebra la Iglesia, llena de dolor y luto, en la presente semana.
Enlutados cortinajes cubren los altares de los templos; las fiestas y bulliciosos espectáculos se suspenden; los teatros cierran sus puertas; los poetas truecan su lita por el lúgubre salterio; la naturaleza entera parece sumergirse en un augusto y silencioso recogimiento, y el ánimo se apercibe á las religiosas emociones; y el pueblo todo, á pesar de la decantada perversión de costumbres, se apresta á rendir solemne culto á la más venerada de nuestras tradiciones.
Los cristianos primitivos en tiempo de Tertuliano, observaban ayunos rigurosísimos en esta semana, siendo absoluto en el juéves, viérnes y sábado. Prohibíase tener instrumentos y usar perfumes durante esos días; vistiendo las mujeres blancas y sencillas túnicas y orando los hombres de pié, con las manos alzadas al cielo y la visita dirigida al Oriente.
II.
En la Iglesia de Oriente se llama esta semana de los dolores, de los suplicios y de la indulgencia; y entre nosotros titúlase también semana penosa, gran semana y semana auténtica.
Principia con el Domingo de Ramos, que conmemora la entrada triunfal de Jesús en Jerusalem; hanle dado tal nombre las palmas, ramos y plantas que llevan en las manos los asistentes á la procesión que precede á la misa, y llámase también Pascua florida por alusión á los ramos de flores que, erguidos en altas pértigas, se llevaban antiguamente, mezclados con las palmas y ramaje.
Hé aquí el pasaje de la vida de Jesús, de donde esta festividad toma su orígen.
Fueron cerca de Jerusalem, dice el Evangelio, al Monte de los Olivos, y de allí envió el Salvador á dos de sus discípulos diciéndoles: id al lugar que está delante de vootros y en él hallareis un pollino atado, sobre el cual ningun hombre ha subido: desatadle y traedle; y si alguien os dijere ¿por qué hacéis esto? decid que el Señor le ha menester y luego le envia[ilegible].
En efecto, fueron y hallaron el pollino atado á la puerta entre dos caminos, y al desatarle, unos de los que allí estaban les dijeron: ¿por qué desatais al pollino? y contestando lo que Jesús les había mandado le trajeron la cabalgadura, sobre la cual montó Jesús, é hizo asi su entrada solemne en la populosa ciudad de Jerusalem.
Muchos tendían sus vestidos por el suelo y le regaban con flores y palmas para que pasara Jesús, que era aclamado por la multitud diciénfole: !Hossanna! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Hossanna en las alturas!
No pasaron muchos días desde su entrada en Jerusalem, cuando se le vió en el templo arrojando á los que allí comerciaban.
¿No está escrito, les decía, que esta casa, casa de oración será llamada por todas las gentes? ¡Y vosotros la habeis convertido en cueva de ladrones!
Y trastornó, dice el Evangelio, las mesas de los monederos y las sillas de los que vendían palomas.
III
El Miércoles Santo, tercer día de la semana, celébrase según San Lúcas la oración de Jesús en el huerto de Gethsémani.
¡Qué profundas meditaciones, y cuán santos son los recuerdos que afluyan á nuestra menta al pensar en la sublime oración del Salvador!
Siguiendo los detalles de aquella escena dolorosa que nos trasmite la historia, á través del tiempo, cuando el Hijo del Hombre, presa de cruentos sufrimientos por la impiedad de los hombres, dirijía al Dios Padre la oración más poderosa que se ha levantado sobre la tierra, nuestro espíritu se contrista íntimamente, las lágrimas acuden á los ojos sin poderlas contener y la más dulce melancolía se apodera de nuestro corazón.
Ya nos figuramos al Redentor del mundo en el instante de su oración, pálido como una magnolia de la Judea; sus ojos como la gloria manando lágrimas; teniendo sus lábios encendidos como carbunclos rojos que lucen como de fuego; callendo de su frente gotas de sangre del color brillante que tienen las flores de los granados; su cuerpo inclinado, vencido, como una palma aislada dentro del desierto cuando la agita el Kamnsin, que es el más horroroso viento; su alma como una paloma azul venida de Nazareth, gimiendo afligida bajo los muros soberbios de la gran Jerusalem.
¿Qué pensaría el Redentor del mundo al tener su frente sobre la tierra……..? ¿Qué habría en su alma santísima en la hora formidable de su oración?
Sin duda pensaría en las afrentas de que iba á ser objeto, en el suplicio horroroso que iba á sufrir, en la muerte ignomiosa que se le esperaba; percibiría los sollozos de sus apóstoles, los gemidos de las piadosas mujeres; haria perdazos su corazón ver á su santa Madre á la Vírgen de los Dolores abriéndose paso entre la multitud de gente, entre los gritos y las blasfemias, muda, desfallecida, llorando á mares, implorando á sus amigos despiadados, queriendo morir con su Hijo, ahogándose de dolor y abatimiento…………………………..
IV
El Jueves y el Viernes Santos son los días más solemnísimos del año: en el primero de estos días, celébrase el Labatorio, es decir el acto de lavar Jesús los piés á sus discípulos para enseñarles antes de morir que entre ellos ninguno era más que otro, con lo cual quedó proclamada la igualdad entre los hombres. En el Viérnes santo llamado Pasca de Jesús crucificado se conmemora el trance supremo, el desenlace de la grandiosa tragedia divina.
………………………………………………………..
Allá en Jerusalem murió un mártir enclavado en una Cruz. La historia de su pasión es el compendio de toda resignación que puede concebirse en un santo y de toda la crueldad que cabe en el corazón de un verdugo. Jesús, hijo de Dios, venía á dar su sangre por el pueblo. Este engañado por los escribas y fariseos, hábiles siempre en fingir interés en su causa y hacerle odiar á los que por él se sacrifican, después de aclamarle con palmas y ramos de olivo el domingo, entonado víctores y hossannas, le persiguió luego con impía saña por la calle de la Amargura, y no cejó en su cruel locura, hasta que sintió caer sobre sí, empapando su frente con eterno sello, la sangre derramada por el Justo en la cima del Calvario.
V
El Sábado de Gloria es el día en que termina la cuaresma, el día en que la gloria abre sus puertas para recibir en su seno al enviado del Omnipotente.
Cristo era Dios, y representaba una idea y no podía morir, ni sus palabras perderse olvidadas en el corazón de los hombres: que las ideas son también inmortales, á la semejanza de Dios.
Y sucedió que Jesús resucitó y triunfó de la muerte.
Por eso, en el Sábado de Gloria el aspecto interior y exterior de la Iglesia cambia por completo. Los acordes del órgano vuelven á conmover los ámbitos del templo, unidos á las melodías de las voces; y los aromas del incienso, mezclados en columnas de humo, con los resplandores de las luces, ascienden por los altares ya descubiertos. Los alegres ecos de las campanas lanzadas al vuelo, el ruido de las detonaciones y la algazara de los pequeñuelos, que sea arrojan por las calles y plazas en busca de las tradicionales aleluyas, todas estas demostraciones de júbilo y alegría con que la Resnección se celebra, filtran en nuestro ser un ínexplicable regocijo, y el pensamiento se traslada entónces desde la cumbre del Calvario á las alturas celestes; y en lugar de un firmamento cubierto de sangre y de tinieblas y de astros apagados, ve un firmamento anegado de luz y poblado de resplandecientes soles; y en vez de una cruz ignomiosa y á Jesús clavado en ella, y á la humanidad deicida llorando sus errores, ve una cruz redentora en los fúlgidos espacios, ceñida de misteriosos resplandores, y ve la imágen del Dios-Hijo que en trono de alas de ángeles, cruza el éter y sube á sentarse á la derecha del Dios-Padre, y vé á la humanidad, en fin, que redimida y libertada por la sangre del Salvador y la luz del Evangelio, entona un místico y fervoroso ¡alleluia!
A este día sigue la Pascua, una de las más antiguas fiestas y la más grande y solemne del cristianismo.
VI
Las enseñanzas del Salvador que con su ejemplo y su palabra por campos, calles y plazas vertía entre las muchedumbres paradas á escucharle, quedaron á manera de levadura santa en la memoria de todos.
Pasaron los siglos.
De los verdugos, de los jueces, de los que autorizaron la muerte del Justo, quedó sólo un recuerdo odioso.
Mas, de la palabra de Jesús, nació la religión nueva, cuyo espíritu y sentido moral domina al mundo, reforma todos los códigos, está gravada con caracteres indelebles en todas las conciencias, domina los poderes, ha borrado la esclavitud, los privilegios, purificado el campo del derecho, llena la aspiración del sér humano á lo infinito, le hace mirar al cielo y lo arrastra con poder mágico, llevando á las muchedumbres en estos días al templo en continuas é incesantes oleadas……..
La justicia se ha impuesto en el derecho, la moral cristiana en la conciencia, la materia quedó vencida por el espiritu, la mujer dignificada, los intereses y los poderes humillados y deshechos ante la virtud de la idea más grande y más santa que ilumina el firmamento de la historia. ¿Cómo no? Para obtener el triunfo de aquella doctrina sublime, el Eterno habia enviado á su Hijo al sacrificio. Los fariseos, los gobernadores romanos, los poderes todos de la tierra no tienen fuerza bastante para obtener, en el curso de los tiempos, el triunfo de las ideas que, aunque predicadas por humildes pobres pescadores, son reflejo de luz increada y pensamiento y palabra de Dios.
Tomo I Monterrey
Abril 1 de 1888. Número 13.
Quincenal de literatura, social moral y de variedades
Dedicado a las familias.
La mujer y los enemigos de su Ilustración
La Redacción
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No nos extraña que alienten todavía espíritus díscolos que se enzañen contra la ilustración de la mujer y le estorben bajo pretestos verdaderamente fútiles su marcha intelectual; no nos extraña, porque siempre en todos los pueblos, en épocas anteriores, y en algunos aun en la presente, la mujer ha sido considerada como un ser inferior al hombre, propia sólo para proporcionarle deleites y la satisfacción de sus caprichos. Bien es verdad que al presente, en la mayor parte de los pueblos, se le concede ya el privilegio de ser la compañera del hombre, y se le da el título de cara mitad del género humano; pero siempre sin que traspase los umbrales del hogar doméstico, es decir, sin que salga de la esfera en que, bajo distinto modo, pero con igual objeto, se le ha mantenido; se quiere que la mujer, lejos de alumbrar su inteligencia con los fulgentes rayos de la ciencia, permanezca encerrada en la cocina; sin apartarse del lavadero, de la costura ó de la plancha, ó arrullando al niño que está en la cuna, y que sólo aprende como única ciencia la del todo fiel cristiano. Para algunos, la mujer que toda su vida se ciñe á estas condiciones es la verdadera mujer, la verdadera esposa, la verdadera madre; una mujer que escribe, una mujer que hace versos, una mujer que procura penetrarse de los augustos misterios de la ciencia, que piensa, en fin, y quiere enriquecer su inteligencia con el gran caudal de los conocimientos humanos, para más tarde formar también su corazón por medio de esos conocimientos y preservarse así de las asechanzas del mundo, de las cuales es el hombre el solo autor; una mujer, en fin, que tales ambiciones tiene, no es mujer, es un marimacho por que olvida sus tareas domésticas, es la usurpadora de los derechos del hombre, del titulado rey de la creación……..¿Cómo es posible, exclama éste, que el ser débil, á quien se ha pretendido desde la antigüedad mantener en la más completa abyección, quiera ahora igualarse al hombre, aunque esto lo haga obedeciendo á las leyes naturales del progreso humano, y probando palmariamente tener una inteligencia tan vasta como la del hombre y tan capaz para abarcar todos los conocimientos que éste pueda poseer? ¡Imposible! La mujer no debe salirse del límite que se le ha marcado, del hogar, es decir, no debe abandonar la cocina ó el lavadero, no debe olvidar que vino al mundo tan solo así cumple su misión sobre la tierra.
Que semejantes ideas se propalasen en aquellos tiempos de oscurantismo y de barbarie, ó se propalen aún en los pueblos donde aun no ha penetrado la luz de la civilización, en que la mujer, aunque dignificada por el gran Filósofo de Galileo, es vista, sin embargo, todavía con desprecio por el que siempre ha pretendido llamarse su señor, pase; pero en la actualidad, en la época de los grandes descubrimientos y en un país como el nuestro, que marcha al pináculo de su grandeza al frente de la civilización, tales ideas son un absurdo.
Los anteriores conceptos nos los inspiró la lectura de un artículo de nuestro muy estimable coleguita “El Colegio Independencia” de Mazatlán, que redactan las alumnas de aquel Instituto, y en el cual refutan las ideas vertidas en contra de la ilustración de la mujer por un escritor de <<El Correo de la Tarde>> de aquella misma ciudad.
Nosotras nos leímos el artículo que tan digna y acertadamente refutan nuestras compañeras de “El Colegio Independencia;” pero á juzgar por lo que ellas manifiestan, el escritor de “El Correo de la Tarde” es de los que participan de las ideas que dejamos sentadas al principio.
Y no es eso todo, sino que también otro escritor que se firma Lerdo, en “El Pacífico,” periódico de aquel puerto se pone del lado de “El Correo,” manifestando entre otras cosas: que las niñas del Colegio Independencia se han asombrado porque el redactor de “El Correo de la Tarde” les ha dicho alguna verdad amarga; y añade: que la mujer ha nacido para ser madre de familia, no para ser orador como Castelar, ni poeta como Juan de Dios Peza, ni escritor como Juan Montalvo, ni electricista como Edison, ni matemático como Leseps, ni pintor como Rubens, ni geógrafo como Julio Verne, ni literato como Campoamor; que las niñas han sido creadas por la naturaleza para ser más tarde buenas madres de familia etc., etc.
Lo dicho: para ciertas gentes no es posible que l mujer viva sola y continuamente la vida intelectual. El hombre se ha constituido su tutor y para ella ha hecho enmudecer la naturaleza. Sólo á él le es permitido analizar y dar razón de las cosas que existen. A la infeliz mujer únicamente se le permite presenciar, como un niño pequeño, las grandes funciones que diariamente se presentan en el mundo material, en el mundo moral y en el mundo intelectual. Heredera, como el hombre de un gran patrimonio, de todas sus propiedades, no se le entrega (y esto cuando mucho) sino algunas alhajas, una pluma, una aguja, un instrumento y un catecismo mudo que no comprende, y para entenderle necesita un intérprete, el cual la llena de preocupaciones, le encadena poco á poco la conciencia y la hace aun más desgraciada.
Una mujer que estudia, que raciocina para discernir, que razona para juzgar, no puede, á juicio de algunos, ser buena madre de familia; cuando que está plenamente demostrado por la experiencia, que mientras más ilustrada es la mujer, es más virtuosa, y sólo así puede reputarse como la maestra de la humanidad, porque instruida y educada intelectualmente podrá con mayor facilidad instruirse y educarse é instruir y educar moralmente á sus hijos.
La historia nos presenta el ejemplo tristísimo de la corrupción de los pueblos mientras la mujer, sumida en la ignorancia, gimió bajo las cadenas del despotismo varonil: á medida que la civilización avanza, la mujer ha ido levantándose de la postración en que se le ha mantenido, y los pueblos han purificado y moralizado radicalmente sus costumbres.
Sin embargo, el Sr. Lerdo de “El Pacífico” dice: que la experiencia le enseña y que contra hechos no hay palabras, que cuando se convierte á la mujer en notabilidad de cualquiera cosa, brilla en todas partes, menos en el hogar, sitio señalado por la naturaleza.
Semejante aseveración está por completo desmentida con los hechos, y, como dice muy bien el Sr. Lerdo, contra hechos no hay palabras. Vea si no lo que ha dicho el distinguido escritor Sr. Francisco Sosa en una biografía que hizo de la eminente poetisa michoacana Sra. Esther Tapia de Castellanos. El Sr. Sosa copia parte de una carta que en contestación á otra suya le escribió la distinguida poetisa y en la cual le dice lo siguiente: “Con oportunidad recibí su muy grata de 20 de Mayo y no había tenido el gusto de contestarla, como deseaba y debía, por haber tenido á tres de mis hijos con fiebre escarlatina: hoy que están aliviados, mi primer cuidado es escribir á Vd. para manifestarle mi profundo reconocimiento por la honra qne quiere dispensarme haciendo que mi nombre figure en la galería biográfica que está publicando en “El Nacional,” honra á que no soy acreedora bajo ningún título.”
“En las breves palabras que anteceden ―añade el Sr. Sosa― se hallan reveladas las más excelentes dotes que honrarán á la Sra. de Castellanos: su apego al cumplimiento del deber como madre, y su madestia como poetisa. Este solo rasgo basta para enaltecerla.
“Creese generalmente, ―sigue diciendo el biógrafo― ocasión propicia es la que hoy se nos presenta para tratar este asunto, que la mujer que se dedica al cultivo de las letras mira con desdén ó abandona por completo las costumbres y tareas propias de su sexo, perdiéndose para el hogar la que en el mundo literario llega á obtener un puesto más o menos distinguido. Si en otras partes ha sucedido tal cosa, no nos propondremos averiguarlo; pero sí nos es dado asegurar que en nuestra patria no se ha verificado así, y lo comprueba lo que ya hemos manifestado acerca de la poetisa michoacana objeto de estos apuntamientos biográficos.”
La notable escritora Sra. Laureana Wright de Kleinhans, directora de “Violetas del Anáhuac” de donde tomamos lo anterior, refiriéndose al mismo asunto agrega:
“Después de lo expuesto con tan galana elocuencia por el inteligente escritor que hemos citado, diremos que no solamente está en lo justo y en lo cierto, sino que podemos probar que el bello tipo moral de la Sra. Tapia de Castellanos es el tipo genérico de todas las mexicanas que han cultivado y cultivan las bellas letras, y que hasta hoy, no sólo no hemos visto ninguna que por ellas abandone las gratas y nobles obligaciones del hogar, sino que hemos encontrado verdaderos modelos de abnegación y de constancia en el cumplimiento de los deberes íntimos. Desde Sor Juana Inés de la Cruz, que fué siempre el ángel protector de sus compañeras de clausura, y que contrajo la enfermedad que la llevó al sepulcro á consecuencia de los trabajos y las veladas por asistir á las que se hallaban enfermas; Isabel Prieto de Landázuri, que fué notable por sus virtudes como esposa, como madre y como amiga, y Dolores Guerrero, que durante su corta existencia y en la flor de su juventud se constituyó jefe y madre de sus hermanos menores, hasta las que hoy sacrifican sus horas de descanso á su propio adelanto y al adelanto común de sus compatriotas, han certificado con su vida y con sus obras que la mujer que raciocina y piensa cumple mejor con sus deberes porque se halla en posibilidad de comprenderlos.”
Ya ve, pues, el Sr. Lerdo y con él los enemigos de la ilustración de la mujer que sus apreciaciones respecto de ésta no tienen razón de ser, y que, lejos de serle perjudicial la adquisición de los conocimientos humanos, le es muy útil y provechosa, porque así comprenderá y practicará la verdadera virtud y sabrá cumplir dignamente con su misión, siendo no sólo la madre sino la primera maestra de sus hijos.
¿O se quiere que la mujer sea simplemente madre? Entónces suprímanse las escuelas y los institutos de educación para la mujer, ábranse conventos por todas partes, enciérresele en ellos, retrocédase aceleradamente en la marcha de la humanidad, y se obtendrán centenares de madres como sucedía en otros tiempos de no muy grata recordación.
Afortunadamente para la mujer y para nuestra patria, la época de su decaimiento social ha pasado para nunca más volver.
Por otra parte: también enseña la experiencia (y contra hechos no hay palabras), que todos los pueblos donde la mujer no ha cultivado ni cultiva su inteligencia con la fecundante savia de la ilustracion, son los que se ven más atrasados bajo todos aspectos; mientras que, por el contrario, los pueblos cuyas mujeres no encuentran trabas en su marcha intelectual, y nutren su entendimiento con el vivificante manjar de la ilustración son los que se hallan á la altura de la civilización moderna.
Sin ir tan léjos; en los Estados Unidos, por ejemplo, según las noticias que nos trae la prensa de aquella nación, hay en la actualidad más de 3.000,000 de mujeres que buscan honradamente su subsistencia dedicadas á diversos trabajos: unas ejerciendo la teneduría de libros, otras la tipografía, otras la litografía, otras la telegrafía, el comercio, el periodismo, la medicina y hasta la abogacía.
¿Y se puede decir que la gran República no marcha al frente de la civilización? ¿Y se puede sostener en conciencia que sus mujeres por atender á sus ocupaciones científicas no gustan de cuidar de su casa, de sus hijos, de su esposo, en una palabra, de cumplir con sus obligaciones domésticas? No, desde luego, porque los hechos hablan por sí solos.
Con lo expuesto basta y sobra, á nuestro juicio, para desvanecer las ideas retrogradas y los erróneos juicios que acerca de la mujer abrigan los pocos enemigos de su ilustración que existen al presente; y de no, ahí está en nuestro favor la gran mayoría de la prensa no sólo de nuestra República sino de todo el mundo civilizado que habla por nosotras, y con ella, la aprobación de todas las gentes sensatas y progresistas de la época.
Tomo I Monterrey
Marzo 15 de 1888. Número 12.
Quincenal de literatura, social moral y de variedades
Dedicado a las familias.
Sueltos
DISTRIBUCION DE PREMIOS
Ultimamente se verificó en la ciudad de Linares la distribución de premios entre las alumnas del Instituto particular de instrucción primaria, denominado “La Perseverencia,” que tan acertadamente dirige la ilustrada Srita Antonia Elizaliturry.
Se nos han remitido algunas de las piezas literarias que con tal motivo de pronunciaron en dicha fiesta; pero por haberlas recibido cuando ya el presente número de “La Violeta” estaba en la planta, no nos fué posible darles publicidad, lo que con gusto haremos próximameute.
Entre tanto, mandamos nuestras más cordiales felicitaciones á la Srita. Ilizaliturri, y á los padres de familia, de la pintoresca ciudad de Linares, por el nuevo triunfo que ha obtenido la juventud femenina en los campos de la inteligencia.
LA MUJER EN OAXACA
Digno de aplauso y de los mayores elogios es el paso que ha dado el Sr Gobernador de Oaxaca, quién, comprendiendo las ventajas que resultan á la sociedad, protegiendo abiertamente la completa instrucción de la mujer, ha expedido un decreto por medio del cual se concede á ésta la facultad de ensanchar sus conocimientos en los estudios científicos y terminar su carrera en los colegios que para el efecto existen en el Estado.
Llenas de noble entusiasmo felicitamos á nuestras hermanas de Oaxaca, por l protección decidida que para penetrarse de los angustos misterios de la ciencia, les imparte el Sr, Gobernador de aquella importante entidad federativa; y hacemos votos porque conducta tan loable, sea dignamente imitada en los demás estados de nuestra República,
¡Paso al progreso!….
A NUESTROS AGENTES Y SUSCRITORES FORANEOS
Con el presente número termina el primer semestre de nuestra publicación. Suplicamos, por lo mismo, á nuestros agentes y suscritores foraneos, que aun no hayan satisfecho sus pagos en la Administración de “La Violeta” se sirvan hacerlo desde luego, conforme se indica en las condiciones, pues de lo contrario se suspenderá el envío del periódico, hasta que no quede cubierto el adeudo respectivo.
Tomo I Monterrey
Marzo 15 de 1888. Número 12.
Quincenal de literatura, social moral y de variedades
Dedicado a las familias.
Opinión de la prensa
(Continúa.)
“La Violeta.”
Este simpático y bien escrito colega que se publica en Monterrey, ha tenido á bien remitirnos su apraciable cambio. Gracias mil, amable colega.―(El Titere, Guadalajara.)―
“La Violeta”
Hemos recibido el N.° 10 de este elegantemente impreso y bien escrito quincenal dedicado á las familias, que se publica en la ciudad de Monterrey N.L. México, siendo su directora la Srita. Ercilia García y Sria. la Srita. María Garza González.
Nosotros que conocemos lo interesante de esta ilustrada publicación para el porvenir del bello sexo en general, la cual lleva por lema el desarrollo social y la ilustración de la mujer, nos concretamos á desear que sigan sus dignas redactoras imprimiendo la constancia á sus afanes en tan difícil carrera hasta alcanzar el éxito de sus aspiraciones; la gloria en literatura; y, para que en todo tiempo nos impartan sus interesantes escritos con la misma deferencia con que hoy nos honran remitiéndonos el cambio.―(La Semana, Laredo Tex.)
“La Violeta.”
Este poético título lleva un periódico de literatura y variedades que se publica en la ciudad de Monterrey, (de Nuevo León), cuyo número 9 hemos recibido. Está redactado por apreciables damas de aquella ciudad bajo la dirección de la Srita. Ercilia García y es dedicado á las familias. Las bellas composiciones que contienen son dignas de leerse, y no podríamos dedicarles un singular elogio, porque cuanto está escrito por tan instruidas y estimables damas nos ha encantado. Estoy habla muy alto en favor del bello sexo regiomontano, á quien enviamos nuestras más sinceras felicitaciones deseando para “La Violeta” larga vida, progreso y millares de suscritores.―(El Demócrata, México.)
“La Violeta.”
Hemos recibido el núm. 9 de este simpático colega de Monterrey, escrito por inteligentes señoritas. Su material es como siempre, interesante y ameno.―(El Correo de las Doce, México.)
“La Violeta.”
Esta interesante publicación periódica de Monterrey nos ha honrado con su visita.
Ningún otro nombre más á propósito para un periódico redactado por señoritas.
La humildad y la modestia, simbolizadas en esa aromática florecilla, la violeta, son las virtudes gemelas que siempre anidan en el sensible corazón de la mujer, las flores más bellas que ciñen la frente de la virgen piadosa, los más límpidos fulgores que circuyen la cabeza de la madre cristiana.
Sincera y cordialmente felicitamos á la Redacción de “La Violeta,” y más que los fugaces laureles que pródigamente gala el mundo, les deseamos los perennes laureles de la virtus y las inmarchitables flores de la eterna bienaventuranza.―[“El Album de los Niños, San Jnan de los Lagos.]
“La Violeta.”
Este ameno y bien escrito quincenal que se redacta en Monterrey por varias señoritas, y del cual es directore nuestra simpáica amiga la Srita. Ercilia García, ha vuelto á perfumar nuestra mesa de redacción después de una corta temporada de suspensión.
Las redactoras de “La Violeta” habiendo vencido los obstáculos que las habían obligado á suspender su publicación, han vuelto á emprender sus tareas literarias con el mismo calor que ántes.
Hacemos votos porque la interesante “Violeta” no se vuelva á suspender, y deseamos á sus inteligentes redactoras el mayor éxito en su empresa periódistica.―(El Día, Villa García.)
Tomo I Monterrey
Marzo 15 de 1888. Número 12.
Quincenal de literatura, social moral y de variedades
Dedicado a las familias.
Las amigas
(Continua.)
María Garza González
―
Tercera carta de Enriqueta.
Linares, Abril de 1888.
Querida amiga:―No atribuyes á falta de cariño mi tardanza para escribirte con la regularidad que era de desearse, pues constantemente la nevralgía y otros males molestos, hanme privado de cumplir con un deber de amistad; además, me he visto precisada á cada momento á estar de viaje; por mi falta de salud el Doctor aconseja á mi esposo que me pasee y distraiga, con lo que, repito, me veo obligada, por decirlo así, á estar fuera de mi casa.
Ahora acabo de llegar de una de las rancherías, propiedad de mi esposo, quien además de las prescripciones del médico, quiere que conozca sus posesiones; así es que andaré de aquí para allá sin tener un momento de reposo, espuesta siempre al molesto movimiento del coche y á las mal condimentadas viandas que se preparan en los caminos; yo me resigno y hasta aparento estar gustosa; pero en realidad no me satisface esta vida.
Ultimamente asistí a los herraderos……..¡ya verás que teatros y divercioes se me proporcionan! ¡Qué entiendo yo de estas cosas? Y luego que soy tan nerviosa. ¡Presenciar un espetáculo tan horripilante! Figurate el ver aquellos hombres, tan espuestos al cojer los animales que se han creado en los potreros, sin que les haya caido jamás el lazo; y por último aplicarles el hierro cante……no, te digo con verdad que no es para presenciarse esto: tan solo una vez lo ví y quedé convidada para no volver más; los días que duró esta operación los pasé fastidiándome en las casas sin saber ni en qué ocuparme.
¡Ay, cómo hecho de menos mi vida en Monterey! yo no sabía hasta donde se es feliz viviendo al lado de los padres; ahora comprendo todo el bien que perdí; pero ya no hay remedio; verdad que mi esposo disfruta de alguna comodidad; pero ¿de qué me sirve si tengo que andar en el campo y en las haciendas? solamente me encuentro bien cuando estoy en la ciudad: aquí cuando menos, hay con quién tratar y encuentro más distracción.
Adiós y hasta otra vez.
―Enriqueta.
Tercera carta de Elena.
Corpus Christí, Mayo de 83.
Inolvidable María―Guiada por los consejos de mi maestra, y la recomendación de los buenos libros que he leído, logro ver, aunque sea en parte, realizadas mis aspiraciones, como es la de cumplir con la difícil tarea que me he impuesto. Ahora he comprendido que la mujer no es la flor que se destina al adorno de una casa, á embellecerla simplemente con su presencia; es el alma del hogar doméstico, ahí es el teatro de sus virtudes donde cumple con la misión para que fué creada.
Estas reflecciones me las trae á la mente el magnifíco regalo de boda que me hiciste; todos los objetos con que manifestaron mis amigas su afecto ese día, los conservo como de un valor inestimable; pero el tuyo “Un libro para las Damas,” por doña María del Pilas Sinuez de Marzo, supera á todos, porque me ha enseñado á cumplir con mis deberes; es mi guia y le consulto como un patrón para arreglar un treje ó una receta para confeccionar un platillo.
Si todos los padres ó madres de familia tuvieran el cuidado de poner en manos de sus hijas las obras de tan sabia escritora española harían ellas unas excelentes amas de casa, y correjirían los vicios que perjudican á la sociedad.
Yo considero este libro de suma utílidad: con él sé dirigir mis tareas y las hago más llevaderas; me enseña la economía, orden y hasta la distribución del tiempo para los quehaceres; y como en este pueblo son tan escasas las personas que se dediquen por salario al servicio doméstico, tengo yo que desempeñar todas las funciones de la casa, á lo que estoy muy habituada, y en nada extraño su falta; mi esposo me ha proporcionado todo lo necesario para el servicio, y con suma facilidad desempeño el arte culinario.
Sólo con un criado cuento para lo más indispensable, y alcanzo como ya te dije á compartir el trabajo de escritorio con mi esposo, siendo así dos dependientes en vez de uno; y en los ratos que nos quedan libres, salimos á la playa ó al campo á disfrutar de la brisa del mar á la caída de la tarde, con cuya vida disfruto de la tranquilidad de mi espíritu.
―Elena
(Continuará.)
Tomo I Monterrey
Marzo 15 de 1888. Número 12.
Quincenal de literatura, social moral y de variedades
Dedicado a las familias.
La flor y el lucero
(Oaxaqueña)
María Santaella
―
Nació una flor cual ninguna,
Por su atractivo inocente,
Siendo su dichosa cuna
Orilla de mansa fuente.
*
Ella alzó su tallo leve
Graciosamente ataviada
Con su corola de nieve,
Bajo la oscura enramada.
*
Fresca, perfumada, abierta,
De la alta noche en las sombras,
Era una reina despierta
Sobre las verdes alfombras.
*
Pero al verse hermosa y sola,
Inclinóse con desmayo
A la fuente, cuando hirióla
De luz bellísimo rayo.
*
Un astro se reflejaba
En el agua deliciosa,
Y en resplendores bañaba
A la solitaria rosa.
*
Ora en cristal movible
Se agitaba; ora en sosiego,
Con encanto irresistible
Dardos lanzaba de fuego.
*
¿Quién no amara hechizo tanto
Del celeste reverbero?
La flor con púdico llanto,
“Yo te amo,” dijo al lucero.
*
“Toma de mis blancas hojas
Esta gota de rocío
Que de amor en las congojas
Como una prenda te envío.”
*
Inmóvil, hora tras hora,
Contemplaba en su delirio
La imagen fascinadora
Y luminosa de Sirio.
*
En tanto que así gozaba,
Extasiada no veía
Que la fuente se agotaba
Y el agua se consumía.
*
Hasta que al fin los fulgores
Viera tornarse en arena,
En un suelo los amores,
Y las delicias en pena.
*
“Adiós, vida de mi vida,”
Dijo, su cáliz cerrando;
Y en tan triste despedida
Se iba el aroma acabando.
*
Después la flor sin mancilla,
Al impulso del ambiente
Giraba seca á la oilla
De la consumida fuente
*
Así el que ama una hermosura
Que es de Dios, sólo el reflejo,
Pierde y llora la ventura
Que hella en efímero espejo.
*
El amor que dicha encierra,
Y es del hombre el dulce anhelo,
¡Su luz refleja en la tierra;
Pero se encuentra en el cielo!
Tomo I Monterrey
Marzo 15 de 1888. Número 12.
Quincenal de literatura, social moral y de variedades
Dedicado a las familias.
La samaritana
Josefa Pujol de Collado
―
El Salvador de los hombres vino al mundo para enseñarnos la ley del amor.
Hijo de Dios, y poseyendo el secreto de la eterna sabiduría, todos sus actos en la tierra tienen un sello especial de sencillez y grandeza, reveladores del origen divino de donde emana.
¿Quién comprendió más pronto la sublimidad de la doctrina de Jesús? La mujer.
¿Para quien fueron las palabras más cariñosas del Redentor? Para las mujeres.
……………………………………………………….
Cuando la tierra se estremecia de gozo al sentirse hollada por el Divino Maestro, cuando escuchaban atónitas su palabra augusta las muchedumbres ignorantes, sin acertar á comprenderla, en Samaria, una mujer se penetró la primera de la magnanimidad de sus conceptos.
No lejos de la ciudad de Sichar sentóse Jesús fatigado junto al antiguo pozo que Jacob diera un día á su hijo José, mientras esperaba el regreso de sus discípulos que habían ido á la inmediata población.
Una hermosa mujer de Samaria llegóse al pozo para sacar agua, y el Redentor, elevando hacia ella sus divinos ojos, dijo con dulce acento:
―Mujer, dame agua.
―¿Cómo tú, siendo judío pides agua á una Samaritana, olvidando antiguos odios?
―Porque cualquiera que beba de esta agua volverá á tener sed, respondió Jesús, mientras que el que bebiere del agua o le daré, no adolecerá jamás de ella.
Y como una música celestial, de los labios del Redentor salieron los puros preceptos de la moral cristiana, que la Samaritana preguntó asombrada:
―Señor, tú que todo lo aciertas, ¿eres acaso el Mesías prometido?
―Yo soy, contestó sencillamente el Divino Maestro.
Entonces sintióse de repente la Samaritana invadida por el convencimiento más profundo; comprendió que aquel hombre extraordinario tenía algo de divino, y corriendo á la ciudad, reunió numerose pueblo, volviendo juntos al encuentro de Jesús, que les esperaba junto al pozo de Jacob, con sublime confianza.
La muchedumbre oyó arrobada al Señor, quien permaneció dos días con ellos instruyéndoles en la nueva fé.
Al abandonar á Sichar Jesús y sus discípulos, los samaritanos, maravillados de cuanto habían oído decían á la mujer:
―Tenías razón; cierto, este es el Salvador del mundo, el Cristo.
¡Siempre, en todos los tiempos, la mujer, como la Samaritana, se halla pronta á admitir toda idea grande y noble!
Además, no es posible olvidar que las mujeres siguieron valerosamente á Jesús hasta el Calvario, cuando sus mismos discípulos le abandonaron.
ocho olivos viejísimos, con el tronco hueco lleno de piedras, la corteza áspera, nudosa, muy arrugada, y los ramos curvos, muchos de ellos vencidos y todos con hojas raquíticas, marchitas y poco abundantes, Dos de ellos tienen sus troncos muy gruesos, midiendo de circunferencia casi diez metros, y dos cuellan sobre un pequeño montón de tierra, rodeado de grandes piedras.
Esos ocho olivos tan enormes y venerables, han asistido a casi todas las revoluciones que ha habido en Jesusalem. Dicen los escritores que ya existían esos árboles en tiempo del Salvador; que bajo su sombra reposaba, platicaba con sus discipulos y fué aprehendido. Han sido respetados de los Romanos, de los Judío y de los Musulmaes: sus aceitunas sirven para el aceite que arde en las lámparas con que se alumbra el Santo Sepulcro. El distinguido botánico Schubert los examinó, y calcula que remonta á siglos muy atrasados; Chateaubrian, refiere: que los árboles de esa misma especie renacen en sus retoños, y que vió en Atenas uno, que se plantó cuando hecharon los primeros cimientos de la ciudad.
Los peregrinos se arrodillan y meditan debajo de aquellos olivos monumentales, y cortan pequeños ramos que llevan á sus familias.
Del lado Norte, fuera de la tapia y poco distante del jardín de Gethsémani, hay una callejuela que da vuelta á otra más estrecha, en cuyo fondo se abre una puerta de fierro baja. Pasada ésta, se desciende una escalinata de siete gradas y se entra en la ruta que se llama: Gruta de la Agonía. Está como cuando el Señor iba á ella á recojerse y á orar, sin más diferencias que las que ha introducido el culto cristiano. Es una cueva de medianas dimenciones, labrada en una roca amarillosa y calcárea; la sostienen dos pilares de la misma roca y se alumbra por una claraboya hecha sobre la bóveda: tiene dos altares; uno en el fondo y dos á los lados: sobre el primero que está al Oriente, hay encerrada en un marco darado una pintura, representando la agonía de Jesus y la aparición del Angel, y abajo, encima de una losa de mármol blanco, está inscripción en letras de oro alumbradas por doce lámparas:
Hic factus est suder ejus sicu gatoe sanguinis decurrentis interram.
Aquí sudó gotas de sangre que corrió por el suelo.―Luc. XXII, 44.
Cuentan: que había en esta gruta una piedra, sobre la cual estaban señaladas las rodillas del Salvador, y que se la llevaron los primitivos cristianos, y dicen, refiriéndose á una viejísima tradición; que á esta misma gruta vinieron Adán y Eva arrojados del Paraíso, á llorar su primera falta.
¡Cuantas reflexciones ocurren en este sitio privilegiado!
De aquí se ha levantado al cielo la oración más poderosa que ha habido sobre la tierra; la oración que apagó en las manos de Dios el rayo de sus venganzas y que exaltó al hombre hasta hacerle alcanzar las divinas gracias. Dios escuchó la oración de Jesucristo anhelando la libertad, la felicidad y la gloria de toda la humanidad. La oración hace lo que Dios hace, porque El la obedece cuando ella es santa. Las lágrimas se paran al borde de los abismos sin poderlos pasar, y la oración las pasa endulzándolas y odorificándolas en su tránsitos.
La oración de Jesucristo, no fué la de Jacob pidiendo el rocío del cielo, ni la Essau pidiendo los frutos de la tierra, ni la de Pedro queriendo vivir perpetuamente sobre el Tabor, ni la de los dos mejores lugares que hubiera en el reino eterno, la oración del Señor dirigida á su Padre, se reducía á estas palabras que constituyen su indeclinable virtud y su gran poder: “Hágase tu voluntad.” Y esa voluntad era sufrir y morir con resignación; ofrecerse como hostia sobre el altar satisfaciendo á la divina Justicia, desagraviándola, presentándola en dignos merecimientos el amor purificado y bendito del género humano regenerado.
En esta gruta, que con el espíritu estamos viendo, se han templado los corazones de los monjes, de los anacoretas, de los ermitaños; de todos los hombres que han hecho profesión de sacrificarse, de conformarse con las penalidades mundanas y de ofrecer á la Divinidad sus carnes y sus dolores en ¡expiación de sus culpas y de las culpas de los demás hombres. En esta gruta, han tomado ánimo los desamparados, los aflijidos, los moribundos acongojados; todos aquellos para quienes extinguidos los astros de la fortuna, del encanto y de la ventura, parecía quedarles sólo la negra noche de la duda y de la más descosoladora incredulidad. Con el aceite del Monte de los Olivos consagrado en esta gruta por Jesucristo, se han ungido los gladiadores cristianos para pelear y triunfar contra las injusticias, contra los vicios, contra todas las iniquidades de las sociedades y contra los despotismos de los tiranos,
Es consolador abrir uno de su alma y desahogarla en esta gruta donde Jesucristo oró y lloró por todos los hombres; es saludable y muy dulce, poner uno su corazón bajo la sombra del corazón de Jesucristo en la hora sublime de su oración. Se siente uno calmado, fortalecido y con energía, dispuesto á contestar á los nales del mundo lo que El contestó á Pilatos: “Nada podrías contra mí si no se os permitiera de lo alto.

