Tomo I Monterrey
Noviembre 15 1887. Número 5.
Quincenal de literatura, social moral y de variedades
Dedicado a las familias.
Un mendigo
Dolores Correa Zapata
A la puerta cerrada de un magnate
Un pordiosero se paró una vez,
Y con acento suplicante, dijo:
¡Dadme agua por piedad, muero de sed!
A cada instante, el pobre más sediento,
Más fuertes golpes a la puerta dio,
Agotando, al llamar, todos los tonos,
El coraje, la súplica, el dolor.
El eco de su voz vibraba apenas,
Cuando, al fin, le trajeron de beber…
¡Vano trabajo! El infeliz mendigo
Estaba en realidad muerto de sed!
…
Hace ya mucho tiempo… no sé cuándo
A la puerta de tu alma llamé yo
Y, con acento de mendigo, dije;
¡Ámame, por piedad, muero de amor!
Es hermana tal vez de aquella puerta
La puerta de tu alma dura y cruel:
Bien sabe Dios que en vano todos, todos
Los tonos de la súplica agoté.
Hoy he visto en tus ojos una lágrima:
¿Ahora pretendes apagar mi sed?…
Guarda tu amor para otro pordiosero;
Que mi alma es un cadáver… ya lo ves.
Tomo I Monterrey
Noviembre 15 1887. Número 5.
Quincenal de literatura, social moral y de variedades
Dedicado a las familias.
VERSOS
Leídos por la niña Elisa Tijerina alumna del tercer Instituto municipal de niñas, en los exámenes públicos versificados el día 13 del actual.
Ercilia García
Justo entusiasmo al corazón anima
Cuando en el tempo del saber estamos,
Deseando que la ciencia nos redima
De la ignorancia vil que despreciamos.
*
La mujer, por la instrucción, progresa
Y no se mira con desprecio cruel;
De ser esclava deja, y con la promesa
De nivelarse al hombre, cumple fiel.
*
Paso, pues, a la mujer instruida
Que marcha a su grandeza con anhelo,
Y que al salir de su humillante vida
La admira el mundo y la bendice el cielo.
*
¡Adelante! adelante, y llegaremos
A las cumbres divinas del saber
¡Adelante, sí, y alcanzaremos
La gloria que merece la mujer!
Tomo I Monterrey
Noviembre 15 1887. Número 5.
Quincenal de literatura, social moral y de variedades
Dedicado a las familias.
Ilusiones y desengaños
A LOLA
María Garza González
En la primavera de la vida se presenta a nuestros ojos un horizonte de puro y límpido azul; todo lo vemos cubierto con los más brillantes colores, y nuestra mirada no encuentra sino una senda cubierta de flores.
No parece sino que al venir al mundo, al abrirse nuestros ojos a la luz, la ruta que nos traza el destino es por un florido vergel donde solo se recogen flores y mariposas; y cuando nos sentimos fatigados por el cansancio nos sentamos a la sombra de los árboles, y allí, contemplando la floresta, oyendo el suave murmurio de la fuente cristalina y aspirando el aroma de las flores, nuestra mente se extasía en mil creaciones imaginarias que halagan nuestros juveniles años. Infinidad de pensamientos halagüeños pasan en tropel, y juzgamos realizable todo aquello que parece imposible; concebimos esperanzas lisonjeras y gozamos con las bellas imágenes forjadas en la fantasía.
Y a medida que crece el entusiasmo, en pensamiento se extiende más y más; el porvenir se nos presenta risueño; una aureola de dichas y contento nos rodea, y una cadena no interrumpida de goces y alegrías forma nuestra vida; de nuestros ojos solo se desprenden lágrimas de regocijo, porque son desconocidas las penas y los sufrimientos.
Es la edad feliz querida, querida niña; es cuando verdaderamente se goza, porque en el corazón de la niñes es donde se albergan las ilusiones, y si bien se llora, nos son lágrimas amargas las que se vierten, son perlas de rocío que riegan el carmín de las mejillas. En esa edad florida. Solo encontramos miradas tiernas, sonrisas amables, palabras dulces, halagadoras promesas, amistad sincera, cariño puro y amor santo. No hay falsedad, no hay mentira; nuestros ojos, ciegos a la acerba realidad y cubiertos por el velo de la inocencia, juzgan lo aparente por lo real; no pueden traspasar más allá, son muy escasos de luz para ver el error en que viven; se necesita seguir caminando por el sendero de la vida para que poco a poco descubran la verdad.
Se emprende de nuevo la jornada y a medida que avanzamos, nos alejamos de aquel ameno jardín donde recogimos tantas flores y contamos mil pintadas mariposas; ya no se deslizan nuestros pies con la facilidad que lo hacían al principio; a cada paso tenemos que detenernos por las grietas que presenta el terreno, tan árido y desierto, que es preciso caminar mucho para encontrar una flor o una fuente para calmar la sed que nos abrasa; con cuánto sentimiento vemos que la flor que llegamos a encontrar, se deshoja en nuestras manos al separarla de su tallo, o nos clava las punzantes espinas; ahí empezamos a derramar las primeras lágrimas causadas por el dolor y el sentimiento.
Incomprensible es lo que pasa entre nosotros, tendemos la mirada hacia atrás, y vemos que es mucho lo que hemos recorrido; pero mayor es lo que nos falta todavía, y quizá lo más difícil. Un temor nos asalta de improviso, y queremos suspender nuestra marcha, pero imposible, el pensamiento no se detiene en forjar nuevas ilusiones. Oímos un alegre murmurar, semejante al que produce la corriente de las aguas, y seguimos con ahínco nuestro camino: ¡adelante! Nos decimos, y después de mucho andar nos encontramos a la orilla de un caudaloso río que arrastra en su carrera cuanto encuentra; y absortos nos paramos sin saber cómo salvarlo, de modo que las aguas nos sepulten en su seno. En trance tan difícil nos anuncia el corazón un funesto presagio, e invocamos un auxilio, y sin saber cómo ni cuándo salvamos el peligro.
La fe no nos abandona: se nos presentan los primeros tropiezos y seguimos adelante con la esperanza de ver el campo más florido que en nuestro entusiasmo soñamos; pero ¡ay! A medida que avanzamos, el terreno se nos presenta a cada paso sembrado de espinas, hasta que acaba por parecernos un desierto donde no encontramos ni una gota de agua con que remojar nuestros apagados labios.
Triste es ver la realidad; pero tenemos que llegar a ella tarde que temprano.
Tal es la vida. Lola: tan solo una época hay en que se es feliz, porque no vemos el error en que vivimos: a esa edad no es posible distinguir lo verdadero de lo falso; con facilidad se nos engaña y con la mayor buena fe del mundo creemos lo que se nos dice; pero pasan los años y viene la reflexión. Los crueles desengaños con su sacrílega mano arrancan la venda que cubre nuestros ojos, y nos presenta la verdad desnuda. ¡Ah! ¡entonces un torrente de lágrimas corre por nuestras mejillas! ¡Estas sí son lágrimas amargas!… ¡Cuánto deseamos aquella edad en que fuimos tan felices!… Pero imposible, porque el tiempo que pasa, jamás vuelve; tenemos que seguir caminando por la senda que nos traza el destino, y cada paso que damos es un día menos y un desengaño más, una ilusión muerta, una hoja que se desprende del árbol de la vida.
¡Adiós ilusiones! ¡adiós felices horas de contento! Ya no hay dicha cumplida; aquella fe ciega que teníamos se disipó como el humo, para dar lugar a la desconfianza. Ya no sentimos ninguna grata sensación al oír halagüeñas palabras, porque tras una sonrisa se descubre la mentira; ya no nos espera sino desengaño tras desengaño.
Muchas veces vemos que aquella persona en quien depositamos nuestra confianza, a quien entregamos nuestro cariño, nos engaña y juega con nuestro corazón como con un pedazo de cera.
Entonces ¿con quién podremos compartir nuestras penas? ¿Quién enjugará nuestras lágrimas en las horas de sufrimiento? Nadie. Guardaremos en el fondo de nuestra alma el dolor que nos consume, porque no hay un ser en quién depositar nuestra confianza: es difícil encontrar quien nos comprenda; nos presentaremos al mundo con la faz alegre, con la sonrisa en los labios y la hiel en el corazón. Nada le importan nuestros pesares, y si llega a mirarnos alguna vez, es o para reírse de nuestras penas, o para desgarrarnos el corazón con su falacia.
Sí, querida amiga; y si quieres no sufrir decepciones, corresponde con igual cariño al que te manifiestes; quiere, comprende y compadece; no cierres tu corazón a los que buscan abrigo en tu cariño, pues una de las más grandes satisfacciones es ser útil a las personas que preciamos; llorando pesares ajenos se mitigan los propios, y nuestra alma no cabe en sí de gozo al dar alivio con nuestras lágrimas a otra alma que está tan afligida como la nuestra.
Tomo I Monterrey
Noviembre 15 1887. Número 5.
Quincenal de literatura, social moral y de variedades
Dedicado a las familias.
Lágrimas fecundas
Heliana
Cuando la pura gota de rocío
sobre el pétalo rueda de la flor,
Este se alza en su talle con más brío
y esparce suave olor.
Mas si al fondo del cáliz se desliza,
la flor estremecida de placer,
sus castas hojas amorosa riza
y fecunda su ser.
Así, cuando las lágrimas del alma
corren como copioso manantial,
recobra el corazón la ansiada calma
y se alivia su mal.
*
Pero si el llanto del pesar no brota
así como el rocío con la flor,
va cayendo en el alma gota a gota
y fecunda el dolor.
Tomo I Monterrey
Noviembre 15 1887. Número 5.
Quincenal de literatura, social moral y de variedades
Dedicado a las familias.
A LA LUNA
Ercilia García
Mi mente soñadora
Que admira la belleza
Hoy piensa dedicarte
Sus trovas con amor.
Mi lira pulso ahora
Perdón si la tristeza
Me hace consagrarte
Un himno de dolor.
_
Yo quiero, luna bella,
Que sepas los pesares
Que crueles acibaran
Mi triste corazón.
Luchando con mi estrella
Te envío mis cantares,
Que a impulsos ¡ay! brotaron
De mi única ilusión.
_
De Diana los fulgores,
Asoman por Oriente;
Se escucha en la campiña
Fantástico rumor.
El ave entre las flores
Cantando dulcemente,
Suspira cual la niña
Que llora por su amor.
–
Mi alma entristecida
No admira este paisaje,
Que a poetas soñadores
Les presta inspiración
Que solo ¡ay! En la vida
Del mundo en el oleaje.
Desgarran los dolores
Mi pobre corazón.
–
El sol al despedirse
Da encantos a Natura,
Que todo ser que siente
Lo sabe idealizar
Mi alma al confundirse
Al mal que la tortura
Siguiendo su corriente
No puede, no, gozar.
–
La luna silenciosa
Que alumbra tristemente
Cruzando el firmamento
Con mucha lentitud,
Disipa presurosa
La bruma que inclemente
Tortura al pensamiento
Con cruel ingratitud.
–
Yo adoro, luna hermosa,
Tus célicos fulgores,
Tu luz amarillenta,
Tu opaca claridad;
El aura rumorosa
Que juega entre las flores…
Y mi alma se alimenta
Con tanta variedad.
Tomo I Monterrey
Noviembre 15 1887. Número 5.
Quincenal de literatura, social moral y de variedades
Dedicado a las familias.
La mujer
ELISA
Gran número de personas y algunos fisiólogos consideran a la mujer como un ser abyecto, degradado, incapaz de aspirar a iluminar su inteligencia con la fulgurante antorcha de la ilustración, y dicen que debe, humillada, ceder a la superioridad del sexo masculino. ¿Por qué? ¿por ventura la ilustración no es un formidable dique que contiene el ímpetu de todos los vicios y pasiones, y la ignorancia la que en su negro caos los produce y desarrollo? ¿Acaso la mujer no tiene un grandioso deber que llenar, y el cual desempeñará mejor, siendo instruida antes que ignorante? La base en que estriba la sociedad es la familia, y el hogar es el solio de la madre y de la esposa, porque la mujer es el alma del hogar; he aquí por qué no se le debe prohibir el estudio de las artes y ciencias, par que en un caso dado, pueda atender con desahogo a la subsistencia de sus ancianos padres o tiernos hijos; cosa que hoy solo puede conseguir tras largas horas de ímprobo trabajo, porque las sendas que le sería más fácil recorrer están vendadas para ella.
La mujer instruida será un apoyo para sus caducos padres, una amiga cariñosa y fiel consejera para su esposo, y una perfecta y sabia maestra para sus hijos. Ella está destinada a perfumar la existencia de su esposo y embellecer el templo sagrado de la familia.
La mujer ve surgir a su paso inmensos horizontes, interminables vías, playas ignoradas, aéreos espacios, donde obedeciendo al entusiasta impulso de su corazón, a la mágica y potente voz de su deber y posesionándose de su grandiosa misión, hallará no el vano homenaje a sus gracias físicas; no vano y frívolo aplauso que obtiene en los salones la hermosa dama adornada de ricas blondas y deslumbrantes joyas, no; la mujer que cultiva su corazón y su entendimiento, verá inmortalizadas las gracias de su talento y vasta instrucción en sus descendientes, y transmitirá de una edad a otra la civilización de cada época.
En la infancia se forma el corazón del individuo, porque el corazón de un tierno niño se impresiona fácilmente y se presta para hacer de él un genio benéfico o un azote de sus semejantes, y la mujer tiene la delicada tarea de inculcar en los corazones de sus hijos los sublimes preceptos de la más pura moral, de la ardiente caridad y del amor al trabajo e ilustración: ella deben inspirarles sentimientos de nobleza, de abnegación y elevada generosidad, formando así un ser útil a la sociedad y a la patria. Pero para difundir las balsámicas y suaves brisas de la fe, ilustración y talento, necesita la mujer aspirarlas: antes de formar otros corazones tiene que formar el suyo, desprendiéndose de las rancias preocupaciones y siendo la personificación de las ideas, vigorizando, cultivando y despejando las brumas de la inteligencia del tierno adolescente y siendo el verdadero ángel del amor.
Tomo I Monterrey
Noviembre 1 1887. Número 4.
Quincenal de literatura, social moral y de variedades
Dedicado a las familias.
Ante la tumba
DE MI INOLVIDABLE PRIMA FELICITAS ARREOLA
Ercilia García
Bajo esta fría y funeraria losa
Los restos yacen de una amiga amada
El sueño de la muerte ya reposa
Y su alma tiene el cielo por morada
*
Mi lira gime con dolor creciente
Al recordar nuestra amistad sincera…
¿Por qué el destino se mostró inclemente
Y nos separa con su saña fiera?
*
Ya no contemplo tu sonrisa pura
Ni de tus ojos el fulgor divino
Solo miro la copa de amargura
Y sembrando de abrojos mi camino.
*
Si sufrías, en mi alma tus dolores
Un tierno sentimiento despertaban;
Y de mundo los férvidos rigores
Nuestras almas unidas soportaban
Mas sola ahora en el erial del mundo
Nadie entiende mis goces o sufrir
Que a nadie digo mi dolor profundo
Pues nadie sabe, como tú sentir.
*
Goza en el cielo amiga idolatrada,
Y mira mi dolor desde esa altura…
Que yo en tu humilde tumba arrodillada
Deposito la flor de mi ternura.
Tomo I Monterrey
Noviembre 1 1887. Número 4.
Quincenal de literatura, social moral y de variedades
Dedicado a las familias.
La mansión de los muertos
NN.
¡Todo es triste y lúgubre en la mansión de los muertos!¡ El corazón se oprime al contemplar el sombrío reino de la muerte!…
Aquí, reposan las cenizas de un ser querido, allí, las de un amigo con quien nos estrechaban lazos de verdadera amistad; allá, los restos de un esclarecido campeón que con su indomable valor venció en cien combates; acullá, la losa de un hijo de Apolo de un artista o de un genio que asombró mundo con los acordes de su lira, con sus mágicos pinceles, con las sonaras notas arrancadas de su divino instrumento, o con su erudita y profunda sabiduría, cuando no con sus evangélicas y filosóficas conversaciones en el interior del templo de Dios, arrancando con ellas raudales de lágrimas purísimas a los fieles oyentes.
La soledad que reina en aquel tétrico recinto da pavor, a pesar de encontrarse allí reunidos, aunque inanimados, tanto seres queridos con quienes nos unieron vínculos estrechos en íntimo cariño cuando vivían entre nosotros… ¡Ay! Pero al considerar que ya sólo existen los restos de la prosaica materia, se aflige el espíritu y nos recuerda la triste condición a que está sujeta la humanidad.
Por esto hay gentes de suyo tímidas de jamás visitan la mansión de los muertos: las amedrenta el estar en medio de tantas sombrías sepulturas, y les sugiere a la mente mil tétricas ideas; solo los que están dotados de un alma fuerte, visitan con frecuencia los restos de sus semejantes: también los que no toman a lo serio los infundados temores que inspiran los muertos, visitan los panteones, si no con el alma llena de gozo, al menos por una costumbre, el día de finados, a depositar una ofrenda o un recuerda a los que dejaron de ser.
…
Las lágrimas se vierten en aquel recinto poblado de tumbas y de cruces; en aquel lugar destinado al descanso eterno, el día señalado por el catolicismo para conmemorar a los que fueron. No se celebra allí las hazañas mundanales, sino únicamente se recuerda con el corazón apenado, aunque en medio del bullicio de los vivos, a aquellos seres que más amamos en la vida y que por ley ineludible de la Providencia dejaron este valle de amargura para trasportarse a lo inconmensurable.
Los que nos quedamos, los que esperamos aún la hora señalada para la eterna partida, vamos a las tumbas de los que se fueron a depositar en ellas, con lágrimas del corazón la más exquisita flor de nuestros sentimientos.
Tomo I Monterrey
Noviembre 1 1887. Número 4.
Quincenal de literatura, social moral y de variedades
Dedicado a las familias.
Viaje al Paraíso
REVELACIONES DE ULTRA-TUMBA.
Pensaba yo en que mañana es el día señalado por la liturgia católica para conmemorar a los fieles difuntos. ¡Cuántos recuerdos afluían a mi mente al pensar en lo efímero de la existencia humana!
Qué harán -me decía- los que han traspasado ya los umbrales de la eternidad y habitan en lo desconocido? …. Nuestras amigas y no amigas, nuestras conocidas y no conocidas, que no encontrando sus ideales en ese mundo fementido elevaron el vuelo a las regiones inconmensurables del Empíreo ¿habrán realizada allá sus ilusiones doradas y sus ensueños de amor y de ventura? ¿O será todo ficticio como los sueños engañosos de este mundo corruptor? ¿La muerte será el principio de otra vida mejor o el término de la jornada?…
Ensimismada en estos sombríos pensamientos, absorta con tan lúgubres ideas, caí en el éxtasis más profundo, cuando de improviso, desgarrándose una nube vi descender hacia mía un ángel, resplandeciente de luz y de hermosura.
-Dios- me dijo con la sonoridad de una música desconocida- he penetrado vuestros pensamientos y he visto la pureza con que son concebidos, y me ha enviado para satisfacer vuestro anhelo en saber lo que hay más allá de la tumba para las almas puras. Seguidme.
Y así diciendo el ángel me tomó de la mano, y yo sin darme cuenta de lo que oía ni de lo que veía, me dejé conducir maquinalmente por aquella célica aparición, pero sintiendo en mi alma un amoroso bienestar de felicidad… No sé cuánto dilatamos en el tránsito, ni por dónde caminamos. Yo no tenía conciencia para pensar otra cosa, que en aquel suceso tan extraordinario como furtivo.
La melodiosa voz del ángel que me miraba sonriente, me sacó de mi abstracción diciéndome:
-Hemos llegado.
Yo no veía más que una muralla formidable, muy alta, muy alta y muy extensa, tanto, que no le pude dar fin con la mirada.
El ángel sacó una corneta de oro y produjo un sonido gratísimo, la señal sin duda, pues apenas dejóse oír apareció por lo alto de la muralla orto ángel hermosísimo, con el escudo de la Majestad Divina sobre el pecho, era tal vez de los custodios de aquella mansión encantada.
Hablaron los dos en el célico idioma de los ángeles, que yo no pude comprender, me tomaron de la mano, y siempre alegres y sonrientes me llevaron consigo.
Se cerraron insensiblemente mis ojos… cuando los abrí ¡oh, divinidades! Quedé deslumbrada, confusa, anonadada. ¡Qué espectáculo jamás concebido por la humana fantasía!… ¡Cuántas luces! ¡cuántos colores! ¡cuántos colores! ¡cuántas armonías! ¡cuántos perfumes!…. Luces colores, armonías y perfumes, que jamás he visto, ni oído, ni aspirado en la tierra. Aquel edén indescriptible, lleno de encantos y sublimes misterios, jamás, ni ensueños, habíalo vislumbrado…
-Este es el Paraíso, me dijo mi ángel, verás desde este sitio pasar a sus dichosos y bienaventurados moradores, y entre ellos descubrirás a los que tanto anhelas ver; son ángeles como yo, y todos llevan un estandarte con la inscripción de lo que fueron en la tierra.
En efecto, divisé venir una gran procesión envuelta en ráfagas de luz brillante y diamantina, pero suave y grata a mis ojos; oía cánticos misteriosos y sublimes; rumores desconocidos, más tiernos y armoniosos que el arrullide de las palomas y músicas arrobadoras de incomparables melodías.
Aquellas empíricas deidades, aéreas, vaporosas, divinas, circuidas de una aureola de fulgores de luz ineficiente, empezaron a desfilar por frente a donde yo estaba y entre todas conocía a muchas del pensil regiomontano; cada una, como indicó el ángel, llevaba un estandarte de nítidos colores y en él una inscripción con caracteres de brillo de estrellas y claridad de cielo.
He aquí las que pude descubrir entre aquella interminable angélica procesión paradisíaca, y lo que leí en sus hermosos estandartes.
*
MARÍA RODRÍGUEZ.
Botón de rosa que engarza
En sus broches la opulencia,
su inocente sencillez
y su juvenil belleza.
Su voz que dulzura vierte
como la concha sus perlas,
la sueve luz de sus ojos
son su más grande riqueza.
*
ADELA GUTIÉRREZ.
De la vida en el umbral
y ante sus plantas divinas,
sus flores tiende el rosal
escondiendo las espinas.
Con sus luces nacarinas
que en suaves colores dora,
en su oriente nueva aurora
irradia felicidad;
a tan divina beldad
el mundo entero la adora.
*
ESTHER VIDEGARAY.
La voluntad avasalla,
porque tiene de una hurí
la peregrina belleza
y un alma de serafín.
*
CUCA RODRÍGUEZ.
Si en un día de primavera
y recorriendo un jardín,
un aroma delicioso
que no podéis describir,
porque esencia es de virtud
y de perfecciones mil:
sí ese aroma de que os hablo
llegareis a percibir,
dad por cierto y por seguro
que Cuca se encuentra allí.
*
MARÍA JIMÉNEZ
Tez suave como el lirio
le dio Natura
ojos que en la luz
del sol fulgura
y labios rojos,
que a la flor del granado
causan enojos.
*
AMALIA ROBLES
Ramillete de jazmines
en búcaro de Japón,
los ángeles como Amalia
sin ninguna duda son.
*
MANUELITA MARTÍNEZ
(Hija del Sr. Gral. Martínez)
Soñad que visitas el paraíso
Y a uno de sus arcángeles habláis,
Y en medio a vuestro sueño de improviso
En nuestro triste valle despertáis.
Tal impresión produce y no es locura
Su hechicera y magnífica figura.
*
AMELIA LOZANO
Con sólo haber copiado los hechizos
de su faz celestial,
le habría sido bastante a Rafael
para hacerse inmortal.
*
CHONCA ROEL
Fue en la tierra florecita
como la azucena, pura,
amor, encanto y ternura
ángel que al tocar el suelo
con las flores de su cielo
alumbró la senda oscura.
*
ANITA TREVIÑO
Tiene en su alma de un ángel pureza,
Y en su faz de una venus la belleza.
*
BEATRIZ RODÏGUEZ
Tales de sus ojitos
las luces son,
que de ellos si le faltan
las toma el sol.
*
MATILDE JIMÉNEZ.
Fue modelo de virtud
y de espiritual belleza;
por ella se viste el prado
de flores, solo por ella.
*
MARÍA QUIROZ.
Una brisa y un perfume
sobre una flor se besaron,
y en el cáliz de esa flor
los ángeles la encontraron.
*
LIBRADA GALINDO.
Donde quiera que se busquen
la sencillez y elegancia
la dulzura en el mirar
y la pureza en el alma,
muchas bellas se hallarán
y en primer lugar Librada.
*
LIBRADA JIMÉNEZ
Juventud, hermosura, de exquisito trato,
Haced cuenta que visteis su retrato.
*
MARÍA ESPINOSA
En la flor está el perfuma,
en el firmamento el sol
En el iris los colores
Y la omnipotencia en Dios.
Sin duda su obra más bella
hizo de ella el Creador,
pues es firmamento, iris,
colores, perfume y flor,
y omnipotente hermosura
y de la hermosura el sol.
*
MARÍA BUCHAR
Cual la bella mujer del mismo nombre
que nos describe Isaacs,
tiene un alma sensible y pudorosa
y un rostro angelical.
*
SIMONA GALINDO
Si virtud y belleza
recato y gracia
son ricas prendas
muy estimadas
o yo me engaño
¿o quien la conozca
no la ha admirado?
*
PILAR ZAMBRANO
De la virtud es modelo
y en su hermoso corazón
de ternura abriga un cielo
que brinda un grato consuelo
al mortal en su aflicción.
*
LUPE VILLARREAL
Flor delicada, se elevó hasta cielo
dejando perfumado el triste suelo.
*
NICÉFORA GARZA.
Joven pura y candorosa
de erguido y esbelto talle…
era una rosa del valle
tan bella como graciosa.
*
PANCHITA TREVIÑO
Cuando en la noche callada;
limpio y estable el cielo,
suave, apacible la brisa;
mudo silencioso el huerto;
gorgeando al ruiseñor;
murmurando el arroyuelo;
la suave luz de la luna
plateando el bosque a lo lejos
el rocío brillador
sobre las flores cayendo;
y los ángeles tan sólo
vigilantes y despiertos;
cuando a esa hora se escucha
dulcísimo, suave tierno
de maravillosas notas
desconocido concierto
que Panchita nos manda
su canto desde los cielos.
*
EMILIA VELARDE.
Tomad un ramo de jazmín y rosa,
poned en medio de él una azucena
el perfume aspirad que el aire llena
y repetid después: divina, hermosa.
*
SOFÍA TREVIÑO
Juventud, gracias y talento
Dios en las bellas aduna,
mas como en ella, por Dios
puedo decir que en ninguna.
*
CONCHA LEAL
Concha de sin par valía!
Flor, orgullo del vergel!
Flor que da suave ambrosía,
Concha perlas a granel.
*
CARMEN GÓMEZ.
Dulce nota en el arpa suspendida
por mano angelical de ella arrancada
y en una copa de oro recojida:
así es su voz divina y delicada.
*
IRENE GARZA
Quizá el Señor, de los querubes quizá
La belleza mostrar,
Y a tal efecto hizo
Su rostro de hermosura angelical.
*
MARÍA Y CARMEN TIJERINA.
Si a cualquiera de las dos
vistes una vez, os juro
que dijiste de seguro:
¡muy lindas las hizo Dios!
*
MARIANA TEJADA.
Irradia en su semblante la belleza
de un ángel de Murillo
y en su tierna mirada muestra un alma
más pura que el armiño.
*
MARÍA VILLARREAL.
Ni de Fidias la ardiente fantasía
Imaginó las gracias de María.
*
ANGELINA RIVERO.
Grecia la hubiese adorado
si en Grecia hubiese nacido,
y Roma habríale alzado
un templo en bronce dorado
y con diamantes vestido.
*
ANTONIA RIVERO
Tiene la gallardía
De la palmera,
Una faz peregrina
De encantos llena.
Y es armoniosa
Su voz, como el arrullo
De la paloma.
*
JUANITA REYES.
Ave de pintadas alas
que por el éter camina
pura gota cristalina
sobre encajes de espuma
armoniosa nota errante
que desde los cielos viene;
irisada luz que tiene
el resplandor del diamante
conque se adornan los reyes;
rayo de luciente estrella
que en los espacios destella…
Ésa es Juanita Reyes.
*
ISAURA GARCÍA.
De la pureza el sello
tiene en su faz
y el de la inteligencia
en su mirar;
es su hermosura
la obra más perfecta
de la natura.
*
CUCA TREVIÑO.
La apacible mirada de sus ojos
revela su pureza
Y es graciosa, gentil y seductora
cual la bella violeta.
*
ELISEA MARTÍNEZ
Era hija del Amor
Y no hallando su ideal
en el mundo terrenal
buscó otro mundo mejor.
*
CUCA PRIETO.
¿Quieres oír los melodiosos trinos
que exhala entre la selva el ruiseñor?
escuchad el acento arrobador
que brota de los labios purpurinos.
*
CLEMENTINA LOZANO
Tanto y tanto en dulce anhelo
vio al cielo la niña bella
que se reflejó en el cielo
en la forma de una estrella.
*
ENRIQUETA LOZANO.
Son sus frescas mejillas
tempranas rosas
y carmíneo clavel
su linda boca;
y con su gracia
de quien la llega a mirar
cautiva el alma
*
MARÍA GARCÍA
Cual se retrata un lago
tranquilo, la blanca luna;
en su mirada apacible
se retrata su alma pura.
*
JUANITA GALINDO
Rosa abierta a los ósculos suaves
de la aurora blanda que en sus hojas deja:
a la par que su queja
el eco del suspiro de las aves.
*
CUCA QUIROZ.
Rosa de fragante aroma
fue del búcaro mas rico
que para el cielo en su pico
robó una blanca paloma.
*
SOFÍA REYES.
Admiraréis las gracias seductoras
de las lindas morenas
hijas del fértil suelo del Anáhuac,
contemplándola a ella.
*
ELISA GARZA
Erguida es como la palma;
de exquisita educación,
de pura y sencilla alma
y de noble corazón.
*
JOSEFA GARCÍA
Es ella una morena modesta, amable y pura,
dechado de virtudes, de gracia y de instrucción,
su cándida sonrisa denuncia la ternura
que abriga en su inocente y noble corazón.
*
MARÍA, OCTAVIA Y LOLA GARZA.
Esta trinidad que ves
y de hermosa lleva el sello,
admírala, poque es
la trinidad de lo bello.
*****
De aquí fin el paraíso,
Pues todo tiene sus fines;
Y darle fin fue preciso,
No porque falten, lo aviso,
Ángeles y serafines
Dignos de mi paraíso,
Tomo I Monterrey
Noviembre 1 1887. Número 4.
Quincenal de literatura, social moral y de variedades
Dedicado a las familias.
A mi madre
Leticia Herrera y Jáuregui
(POESÍA HECHA A LOS ONCE AÑOS DE EDAD.)
Aquí va mi madre tan querida;
El ángel que mis penas consolaba
La madre tierna que mis pasos guiaba
Yace tendida aquí, yace sin vida.
*
¿Por qué me arrebataste, muerte impía,
El bien que era mi dicha, mi consuelo,
En quien cifraba yo mi único anhelo,
Mi más cándido amor, la madre mía?
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¡Huérfana ya en mi años juveniles!……..
¿Por qué, Señor, llevastes a mi madre?
¡Ay! ¡Que el dolor de mi pecho ya labre
Estando apenas en los once Abriles!
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¡Huérfana, triste, de llorar cansada,
Busco en vano a mi madre cariñosa…
¡Siempre me olvido de que ya reposa
Bajo la losa de la tumba helada!
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¡Llévame, Dios a tu mansión sagrada!
¡Júntame con mi madre tan querida,
Porque mi corazón llora y no olvida
El amor de mi madre idolatrada!
***
¡Mi madre! ¡Mi madre! ¿Por qué la he perdido?
¿Por qué no responde si la llamo yo?
¿Por qué no me escucha si lanzo un gemido?
¡Ah! ¡Ya lo comprendo! ¡Porque ya murió!
Mas ya la esperanza pía
De gozo llena mi ser;
Pronto te volveré a ver:
¡Hasta el cielo, madre día!

