Tomo I Monterrey
Noviembre 15 1887. Número 5.
Quincenal de literatura, social moral y de variedades
Dedicado a las familias.
Ilusiones y desengaños
A LOLA
María Garza González
En la primavera de la vida se presenta a nuestros ojos un horizonte de puro y límpido azul; todo lo vemos cubierto con los más brillantes colores, y nuestra mirada no encuentra sino una senda cubierta de flores.
No parece sino que al venir al mundo, al abrirse nuestros ojos a la luz, la ruta que nos traza el destino es por un florido vergel donde solo se recogen flores y mariposas; y cuando nos sentimos fatigados por el cansancio nos sentamos a la sombra de los árboles, y allí, contemplando la floresta, oyendo el suave murmurio de la fuente cristalina y aspirando el aroma de las flores, nuestra mente se extasía en mil creaciones imaginarias que halagan nuestros juveniles años. Infinidad de pensamientos halagüeños pasan en tropel, y juzgamos realizable todo aquello que parece imposible; concebimos esperanzas lisonjeras y gozamos con las bellas imágenes forjadas en la fantasía.
Y a medida que crece el entusiasmo, en pensamiento se extiende más y más; el porvenir se nos presenta risueño; una aureola de dichas y contento nos rodea, y una cadena no interrumpida de goces y alegrías forma nuestra vida; de nuestros ojos solo se desprenden lágrimas de regocijo, porque son desconocidas las penas y los sufrimientos.
Es la edad feliz querida, querida niña; es cuando verdaderamente se goza, porque en el corazón de la niñes es donde se albergan las ilusiones, y si bien se llora, nos son lágrimas amargas las que se vierten, son perlas de rocío que riegan el carmín de las mejillas. En esa edad florida. Solo encontramos miradas tiernas, sonrisas amables, palabras dulces, halagadoras promesas, amistad sincera, cariño puro y amor santo. No hay falsedad, no hay mentira; nuestros ojos, ciegos a la acerba realidad y cubiertos por el velo de la inocencia, juzgan lo aparente por lo real; no pueden traspasar más allá, son muy escasos de luz para ver el error en que viven; se necesita seguir caminando por el sendero de la vida para que poco a poco descubran la verdad.
Se emprende de nuevo la jornada y a medida que avanzamos, nos alejamos de aquel ameno jardín donde recogimos tantas flores y contamos mil pintadas mariposas; ya no se deslizan nuestros pies con la facilidad que lo hacían al principio; a cada paso tenemos que detenernos por las grietas que presenta el terreno, tan árido y desierto, que es preciso caminar mucho para encontrar una flor o una fuente para calmar la sed que nos abrasa; con cuánto sentimiento vemos que la flor que llegamos a encontrar, se deshoja en nuestras manos al separarla de su tallo, o nos clava las punzantes espinas; ahí empezamos a derramar las primeras lágrimas causadas por el dolor y el sentimiento.
Incomprensible es lo que pasa entre nosotros, tendemos la mirada hacia atrás, y vemos que es mucho lo que hemos recorrido; pero mayor es lo que nos falta todavía, y quizá lo más difícil. Un temor nos asalta de improviso, y queremos suspender nuestra marcha, pero imposible, el pensamiento no se detiene en forjar nuevas ilusiones. Oímos un alegre murmurar, semejante al que produce la corriente de las aguas, y seguimos con ahínco nuestro camino: ¡adelante! Nos decimos, y después de mucho andar nos encontramos a la orilla de un caudaloso río que arrastra en su carrera cuanto encuentra; y absortos nos paramos sin saber cómo salvarlo, de modo que las aguas nos sepulten en su seno. En trance tan difícil nos anuncia el corazón un funesto presagio, e invocamos un auxilio, y sin saber cómo ni cuándo salvamos el peligro.
La fe no nos abandona: se nos presentan los primeros tropiezos y seguimos adelante con la esperanza de ver el campo más florido que en nuestro entusiasmo soñamos; pero ¡ay! A medida que avanzamos, el terreno se nos presenta a cada paso sembrado de espinas, hasta que acaba por parecernos un desierto donde no encontramos ni una gota de agua con que remojar nuestros apagados labios.
Triste es ver la realidad; pero tenemos que llegar a ella tarde que temprano.
Tal es la vida. Lola: tan solo una época hay en que se es feliz, porque no vemos el error en que vivimos: a esa edad no es posible distinguir lo verdadero de lo falso; con facilidad se nos engaña y con la mayor buena fe del mundo creemos lo que se nos dice; pero pasan los años y viene la reflexión. Los crueles desengaños con su sacrílega mano arrancan la venda que cubre nuestros ojos, y nos presenta la verdad desnuda. ¡Ah! ¡entonces un torrente de lágrimas corre por nuestras mejillas! ¡Estas sí son lágrimas amargas!… ¡Cuánto deseamos aquella edad en que fuimos tan felices!… Pero imposible, porque el tiempo que pasa, jamás vuelve; tenemos que seguir caminando por la senda que nos traza el destino, y cada paso que damos es un día menos y un desengaño más, una ilusión muerta, una hoja que se desprende del árbol de la vida.
¡Adiós ilusiones! ¡adiós felices horas de contento! Ya no hay dicha cumplida; aquella fe ciega que teníamos se disipó como el humo, para dar lugar a la desconfianza. Ya no sentimos ninguna grata sensación al oír halagüeñas palabras, porque tras una sonrisa se descubre la mentira; ya no nos espera sino desengaño tras desengaño.
Muchas veces vemos que aquella persona en quien depositamos nuestra confianza, a quien entregamos nuestro cariño, nos engaña y juega con nuestro corazón como con un pedazo de cera.
Entonces ¿con quién podremos compartir nuestras penas? ¿Quién enjugará nuestras lágrimas en las horas de sufrimiento? Nadie. Guardaremos en el fondo de nuestra alma el dolor que nos consume, porque no hay un ser en quién depositar nuestra confianza: es difícil encontrar quien nos comprenda; nos presentaremos al mundo con la faz alegre, con la sonrisa en los labios y la hiel en el corazón. Nada le importan nuestros pesares, y si llega a mirarnos alguna vez, es o para reírse de nuestras penas, o para desgarrarnos el corazón con su falacia.
Sí, querida amiga; y si quieres no sufrir decepciones, corresponde con igual cariño al que te manifiestes; quiere, comprende y compadece; no cierres tu corazón a los que buscan abrigo en tu cariño, pues una de las más grandes satisfacciones es ser útil a las personas que preciamos; llorando pesares ajenos se mitigan los propios, y nuestra alma no cabe en sí de gozo al dar alivio con nuestras lágrimas a otra alma que está tan afligida como la nuestra.
Tomo I Monterrey
Noviembre 1 1887. Número 4.
Quincenal de literatura, social moral y de variedades
Dedicado a las familias.
La mansión de los muertos
NN.
¡Todo es triste y lúgubre en la mansión de los muertos!¡ El corazón se oprime al contemplar el sombrío reino de la muerte!…
Aquí, reposan las cenizas de un ser querido, allí, las de un amigo con quien nos estrechaban lazos de verdadera amistad; allá, los restos de un esclarecido campeón que con su indomable valor venció en cien combates; acullá, la losa de un hijo de Apolo de un artista o de un genio que asombró mundo con los acordes de su lira, con sus mágicos pinceles, con las sonaras notas arrancadas de su divino instrumento, o con su erudita y profunda sabiduría, cuando no con sus evangélicas y filosóficas conversaciones en el interior del templo de Dios, arrancando con ellas raudales de lágrimas purísimas a los fieles oyentes.
La soledad que reina en aquel tétrico recinto da pavor, a pesar de encontrarse allí reunidos, aunque inanimados, tanto seres queridos con quienes nos unieron vínculos estrechos en íntimo cariño cuando vivían entre nosotros… ¡Ay! Pero al considerar que ya sólo existen los restos de la prosaica materia, se aflige el espíritu y nos recuerda la triste condición a que está sujeta la humanidad.
Por esto hay gentes de suyo tímidas de jamás visitan la mansión de los muertos: las amedrenta el estar en medio de tantas sombrías sepulturas, y les sugiere a la mente mil tétricas ideas; solo los que están dotados de un alma fuerte, visitan con frecuencia los restos de sus semejantes: también los que no toman a lo serio los infundados temores que inspiran los muertos, visitan los panteones, si no con el alma llena de gozo, al menos por una costumbre, el día de finados, a depositar una ofrenda o un recuerda a los que dejaron de ser.
…
Las lágrimas se vierten en aquel recinto poblado de tumbas y de cruces; en aquel lugar destinado al descanso eterno, el día señalado por el catolicismo para conmemorar a los que fueron. No se celebra allí las hazañas mundanales, sino únicamente se recuerda con el corazón apenado, aunque en medio del bullicio de los vivos, a aquellos seres que más amamos en la vida y que por ley ineludible de la Providencia dejaron este valle de amargura para trasportarse a lo inconmensurable.
Los que nos quedamos, los que esperamos aún la hora señalada para la eterna partida, vamos a las tumbas de los que se fueron a depositar en ellas, con lágrimas del corazón la más exquisita flor de nuestros sentimientos.
Tomo I Monterrey
Noviembre 1 1887. Número 4.
Quincenal de literatura, social moral y de variedades
Dedicado a las familias.
Viaje al Paraíso
REVELACIONES DE ULTRA-TUMBA.
Pensaba yo en que mañana es el día señalado por la liturgia católica para conmemorar a los fieles difuntos. ¡Cuántos recuerdos afluían a mi mente al pensar en lo efímero de la existencia humana!
Qué harán -me decía- los que han traspasado ya los umbrales de la eternidad y habitan en lo desconocido? …. Nuestras amigas y no amigas, nuestras conocidas y no conocidas, que no encontrando sus ideales en ese mundo fementido elevaron el vuelo a las regiones inconmensurables del Empíreo ¿habrán realizada allá sus ilusiones doradas y sus ensueños de amor y de ventura? ¿O será todo ficticio como los sueños engañosos de este mundo corruptor? ¿La muerte será el principio de otra vida mejor o el término de la jornada?…
Ensimismada en estos sombríos pensamientos, absorta con tan lúgubres ideas, caí en el éxtasis más profundo, cuando de improviso, desgarrándose una nube vi descender hacia mía un ángel, resplandeciente de luz y de hermosura.
-Dios- me dijo con la sonoridad de una música desconocida- he penetrado vuestros pensamientos y he visto la pureza con que son concebidos, y me ha enviado para satisfacer vuestro anhelo en saber lo que hay más allá de la tumba para las almas puras. Seguidme.
Y así diciendo el ángel me tomó de la mano, y yo sin darme cuenta de lo que oía ni de lo que veía, me dejé conducir maquinalmente por aquella célica aparición, pero sintiendo en mi alma un amoroso bienestar de felicidad… No sé cuánto dilatamos en el tránsito, ni por dónde caminamos. Yo no tenía conciencia para pensar otra cosa, que en aquel suceso tan extraordinario como furtivo.
La melodiosa voz del ángel que me miraba sonriente, me sacó de mi abstracción diciéndome:
-Hemos llegado.
Yo no veía más que una muralla formidable, muy alta, muy alta y muy extensa, tanto, que no le pude dar fin con la mirada.
El ángel sacó una corneta de oro y produjo un sonido gratísimo, la señal sin duda, pues apenas dejóse oír apareció por lo alto de la muralla orto ángel hermosísimo, con el escudo de la Majestad Divina sobre el pecho, era tal vez de los custodios de aquella mansión encantada.
Hablaron los dos en el célico idioma de los ángeles, que yo no pude comprender, me tomaron de la mano, y siempre alegres y sonrientes me llevaron consigo.
Se cerraron insensiblemente mis ojos… cuando los abrí ¡oh, divinidades! Quedé deslumbrada, confusa, anonadada. ¡Qué espectáculo jamás concebido por la humana fantasía!… ¡Cuántas luces! ¡cuántos colores! ¡cuántos colores! ¡cuántas armonías! ¡cuántos perfumes!…. Luces colores, armonías y perfumes, que jamás he visto, ni oído, ni aspirado en la tierra. Aquel edén indescriptible, lleno de encantos y sublimes misterios, jamás, ni ensueños, habíalo vislumbrado…
-Este es el Paraíso, me dijo mi ángel, verás desde este sitio pasar a sus dichosos y bienaventurados moradores, y entre ellos descubrirás a los que tanto anhelas ver; son ángeles como yo, y todos llevan un estandarte con la inscripción de lo que fueron en la tierra.
En efecto, divisé venir una gran procesión envuelta en ráfagas de luz brillante y diamantina, pero suave y grata a mis ojos; oía cánticos misteriosos y sublimes; rumores desconocidos, más tiernos y armoniosos que el arrullide de las palomas y músicas arrobadoras de incomparables melodías.
Aquellas empíricas deidades, aéreas, vaporosas, divinas, circuidas de una aureola de fulgores de luz ineficiente, empezaron a desfilar por frente a donde yo estaba y entre todas conocía a muchas del pensil regiomontano; cada una, como indicó el ángel, llevaba un estandarte de nítidos colores y en él una inscripción con caracteres de brillo de estrellas y claridad de cielo.
He aquí las que pude descubrir entre aquella interminable angélica procesión paradisíaca, y lo que leí en sus hermosos estandartes.
*
MARÍA RODRÍGUEZ.
Botón de rosa que engarza
En sus broches la opulencia,
su inocente sencillez
y su juvenil belleza.
Su voz que dulzura vierte
como la concha sus perlas,
la sueve luz de sus ojos
son su más grande riqueza.
*
ADELA GUTIÉRREZ.
De la vida en el umbral
y ante sus plantas divinas,
sus flores tiende el rosal
escondiendo las espinas.
Con sus luces nacarinas
que en suaves colores dora,
en su oriente nueva aurora
irradia felicidad;
a tan divina beldad
el mundo entero la adora.
*
ESTHER VIDEGARAY.
La voluntad avasalla,
porque tiene de una hurí
la peregrina belleza
y un alma de serafín.
*
CUCA RODRÍGUEZ.
Si en un día de primavera
y recorriendo un jardín,
un aroma delicioso
que no podéis describir,
porque esencia es de virtud
y de perfecciones mil:
sí ese aroma de que os hablo
llegareis a percibir,
dad por cierto y por seguro
que Cuca se encuentra allí.
*
MARÍA JIMÉNEZ
Tez suave como el lirio
le dio Natura
ojos que en la luz
del sol fulgura
y labios rojos,
que a la flor del granado
causan enojos.
*
AMALIA ROBLES
Ramillete de jazmines
en búcaro de Japón,
los ángeles como Amalia
sin ninguna duda son.
*
MANUELITA MARTÍNEZ
(Hija del Sr. Gral. Martínez)
Soñad que visitas el paraíso
Y a uno de sus arcángeles habláis,
Y en medio a vuestro sueño de improviso
En nuestro triste valle despertáis.
Tal impresión produce y no es locura
Su hechicera y magnífica figura.
*
AMELIA LOZANO
Con sólo haber copiado los hechizos
de su faz celestial,
le habría sido bastante a Rafael
para hacerse inmortal.
*
CHONCA ROEL
Fue en la tierra florecita
como la azucena, pura,
amor, encanto y ternura
ángel que al tocar el suelo
con las flores de su cielo
alumbró la senda oscura.
*
ANITA TREVIÑO
Tiene en su alma de un ángel pureza,
Y en su faz de una venus la belleza.
*
BEATRIZ RODÏGUEZ
Tales de sus ojitos
las luces son,
que de ellos si le faltan
las toma el sol.
*
MATILDE JIMÉNEZ.
Fue modelo de virtud
y de espiritual belleza;
por ella se viste el prado
de flores, solo por ella.
*
MARÍA QUIROZ.
Una brisa y un perfume
sobre una flor se besaron,
y en el cáliz de esa flor
los ángeles la encontraron.
*
LIBRADA GALINDO.
Donde quiera que se busquen
la sencillez y elegancia
la dulzura en el mirar
y la pureza en el alma,
muchas bellas se hallarán
y en primer lugar Librada.
*
LIBRADA JIMÉNEZ
Juventud, hermosura, de exquisito trato,
Haced cuenta que visteis su retrato.
*
MARÍA ESPINOSA
En la flor está el perfuma,
en el firmamento el sol
En el iris los colores
Y la omnipotencia en Dios.
Sin duda su obra más bella
hizo de ella el Creador,
pues es firmamento, iris,
colores, perfume y flor,
y omnipotente hermosura
y de la hermosura el sol.
*
MARÍA BUCHAR
Cual la bella mujer del mismo nombre
que nos describe Isaacs,
tiene un alma sensible y pudorosa
y un rostro angelical.
*
SIMONA GALINDO
Si virtud y belleza
recato y gracia
son ricas prendas
muy estimadas
o yo me engaño
¿o quien la conozca
no la ha admirado?
*
PILAR ZAMBRANO
De la virtud es modelo
y en su hermoso corazón
de ternura abriga un cielo
que brinda un grato consuelo
al mortal en su aflicción.
*
LUPE VILLARREAL
Flor delicada, se elevó hasta cielo
dejando perfumado el triste suelo.
*
NICÉFORA GARZA.
Joven pura y candorosa
de erguido y esbelto talle…
era una rosa del valle
tan bella como graciosa.
*
PANCHITA TREVIÑO
Cuando en la noche callada;
limpio y estable el cielo,
suave, apacible la brisa;
mudo silencioso el huerto;
gorgeando al ruiseñor;
murmurando el arroyuelo;
la suave luz de la luna
plateando el bosque a lo lejos
el rocío brillador
sobre las flores cayendo;
y los ángeles tan sólo
vigilantes y despiertos;
cuando a esa hora se escucha
dulcísimo, suave tierno
de maravillosas notas
desconocido concierto
que Panchita nos manda
su canto desde los cielos.
*
EMILIA VELARDE.
Tomad un ramo de jazmín y rosa,
poned en medio de él una azucena
el perfume aspirad que el aire llena
y repetid después: divina, hermosa.
*
SOFÍA TREVIÑO
Juventud, gracias y talento
Dios en las bellas aduna,
mas como en ella, por Dios
puedo decir que en ninguna.
*
CONCHA LEAL
Concha de sin par valía!
Flor, orgullo del vergel!
Flor que da suave ambrosía,
Concha perlas a granel.
*
CARMEN GÓMEZ.
Dulce nota en el arpa suspendida
por mano angelical de ella arrancada
y en una copa de oro recojida:
así es su voz divina y delicada.
*
IRENE GARZA
Quizá el Señor, de los querubes quizá
La belleza mostrar,
Y a tal efecto hizo
Su rostro de hermosura angelical.
*
MARÍA Y CARMEN TIJERINA.
Si a cualquiera de las dos
vistes una vez, os juro
que dijiste de seguro:
¡muy lindas las hizo Dios!
*
MARIANA TEJADA.
Irradia en su semblante la belleza
de un ángel de Murillo
y en su tierna mirada muestra un alma
más pura que el armiño.
*
MARÍA VILLARREAL.
Ni de Fidias la ardiente fantasía
Imaginó las gracias de María.
*
ANGELINA RIVERO.
Grecia la hubiese adorado
si en Grecia hubiese nacido,
y Roma habríale alzado
un templo en bronce dorado
y con diamantes vestido.
*
ANTONIA RIVERO
Tiene la gallardía
De la palmera,
Una faz peregrina
De encantos llena.
Y es armoniosa
Su voz, como el arrullo
De la paloma.
*
JUANITA REYES.
Ave de pintadas alas
que por el éter camina
pura gota cristalina
sobre encajes de espuma
armoniosa nota errante
que desde los cielos viene;
irisada luz que tiene
el resplandor del diamante
conque se adornan los reyes;
rayo de luciente estrella
que en los espacios destella…
Ésa es Juanita Reyes.
*
ISAURA GARCÍA.
De la pureza el sello
tiene en su faz
y el de la inteligencia
en su mirar;
es su hermosura
la obra más perfecta
de la natura.
*
CUCA TREVIÑO.
La apacible mirada de sus ojos
revela su pureza
Y es graciosa, gentil y seductora
cual la bella violeta.
*
ELISEA MARTÍNEZ
Era hija del Amor
Y no hallando su ideal
en el mundo terrenal
buscó otro mundo mejor.
*
CUCA PRIETO.
¿Quieres oír los melodiosos trinos
que exhala entre la selva el ruiseñor?
escuchad el acento arrobador
que brota de los labios purpurinos.
*
CLEMENTINA LOZANO
Tanto y tanto en dulce anhelo
vio al cielo la niña bella
que se reflejó en el cielo
en la forma de una estrella.
*
ENRIQUETA LOZANO.
Son sus frescas mejillas
tempranas rosas
y carmíneo clavel
su linda boca;
y con su gracia
de quien la llega a mirar
cautiva el alma
*
MARÍA GARCÍA
Cual se retrata un lago
tranquilo, la blanca luna;
en su mirada apacible
se retrata su alma pura.
*
JUANITA GALINDO
Rosa abierta a los ósculos suaves
de la aurora blanda que en sus hojas deja:
a la par que su queja
el eco del suspiro de las aves.
*
CUCA QUIROZ.
Rosa de fragante aroma
fue del búcaro mas rico
que para el cielo en su pico
robó una blanca paloma.
*
SOFÍA REYES.
Admiraréis las gracias seductoras
de las lindas morenas
hijas del fértil suelo del Anáhuac,
contemplándola a ella.
*
ELISA GARZA
Erguida es como la palma;
de exquisita educación,
de pura y sencilla alma
y de noble corazón.
*
JOSEFA GARCÍA
Es ella una morena modesta, amable y pura,
dechado de virtudes, de gracia y de instrucción,
su cándida sonrisa denuncia la ternura
que abriga en su inocente y noble corazón.
*
MARÍA, OCTAVIA Y LOLA GARZA.
Esta trinidad que ves
y de hermosa lleva el sello,
admírala, poque es
la trinidad de lo bello.
*****
De aquí fin el paraíso,
Pues todo tiene sus fines;
Y darle fin fue preciso,
No porque falten, lo aviso,
Ángeles y serafines
Dignos de mi paraíso,
Tomo I Monterrey
Noviembre 1 1887. Número 4.
Quincenal de literatura, social moral y de variedades
Dedicado a las familias.
2 de noviembre
Ercilia García
Tristes ideas a mi mente en este día consagrado a los seres que moran en lo desconocido; en esas regiones a donde sólo el alma puede penetrar, traspasando los umbrales de lo infinito para descubrir lo que existe más allá de la vida terrenal.
Los seres queridos del alma, al dejarnos para siempre, irán tal vez a habitar ese mundo ignorado que nuestra fe nos manifiesta, y en el cual terminan las penalidades sin cuento que al pasar por este yermo valle de amarguras nos agobian.
La mente se pierde en el caos tenebroso de la duda, y se afana en vano por aclarar ese misterio impenetrable en que se envuelve el más allá de la humanidad, que busca inútilmente la solución del divino problema en el gran Libro de los Destinos del mundo, cuya lectura, solo es comprendida por la Suma Sabiduría de la Providencia.
En las luchas más terribles de la existencia; cuando el corazón se siente oprimido por el infortunio, cuando el mundo nos muestra despiadado su sala y su crueldad desgarradoras, viene en nuestro auxilio la idea consoladora que prono quizá el alma, desprendiéndose del barro que la aprisiona, se elevará a la mansión de la luz que por intuición conoce, a recibir allá el premio a que se haya hecho acreedora por sus sufrimientos del mundo.
Cuando pienso en el terrible Dios de la Muerte y mi mente se halla abrumada por los sombríos pensamientos que su presencia en el mundo le sugiere, me transporto sin poderlo evitar a aquellos bosques antiguos y tradicionales, donde los druidas celebraran las misteriosas ceremonias de su religión, esperando tranquilos que sonara el reloj de la hora bendita del reposo eterno.
…..
¡La muerte! Fantasma aterrador que con su temible segur siembra el luto y la desolación en el mundo, tronchando el hilo finísimo de la vida y marchitando para siempre la bella flor de la ilusión que fragante y pudorosa entreabre su corola en el jardín del alma para embalsamar con su perfume delicado el santuario del corazón.
¡La muerte! Ángel implacable de exterminio, que lanza en el dolor más profundo a los padres, a los hijos y a todos los seres del humano libertinaje, cuando unos y otros descienden al helado y tenebroso sepulcro, dejando lacerado el corazón de los que se quedan con sus terribles y funestos golpes.
¡Pero es necesario! Es preciso sucumbir a las leyes estrictas de la Providencia…
La muerte acaba con las distinciones mundanas; a su presencia el orgullo humano desaparece y ocupa su lugar la verdadera igualdad.
El poderoso, lo mismo que el débil, el potentado que el mendigo, tienen que volver al seno de la madre común, y allí todos son unos, todos son iguales. Dios sin duda lo dispuso así para demostrar a los míseros mortales lo ridículo de la vanidad que en el mundo se ostenta; lo indigno de la indiferencia con que se ve a los semejantes cuando la fortuna sonríe a unos y los colma de favores, desheredando a otros; constituyendo el dinero, de ese modo, un balladar inexpugnable que no permite a los desheredados de la fortuna alternar con las demás clases sociales.
Mas, todo termina en el augusto recinto de los muertos…
Tomo I Monterrey
Octubre 15 1887. Número 3.
Quincenal de literatura, social moral y de variedades
Dedicado a las familias.
La poesía
María Garza González
Arte sublime y misterioso, a cuyo cultivo se ha consagrado afanosamente inteligencias poderosas que han admirado los siglos. Es sin duda, el más hermoso de los estudios literarios, porque la poesía es el germen de nuestras ilusiones, de nuestros ensueños; es el encanto de nuestra juventud, la ilusión seductora que nos sonríe entre las flores de nuestros jardines, entre las linfas de la sonora fuente, y que, bañada con la luz de la aurora, nos levanta entre sus brazos para mostrarnos un cielo desconocido, un porvenir lleno de luz, de encantos y de delicias.
Pero ¡ay! la poesía no se nos manifiesta igualmente benigna a todos los mortales, es esquiva y desdeñosa para los profanos, para aquellos seres que no conocen la belleza ni sus relaciones con el sentimiento, porque olvidándose de la nobleza de esa chispa espiritual que encierra nuestro cerebro, todo lo materializa porque así conviene a sus intereses y a sus necesidades sociales.
Sólo al poeta se le presenta con toda la majestad de su belleza, con toda la dulzura de su sentimiento; Pero el poeta lo es desde que nace, porque desde entonces existe en su alma el don de crear, el genio; y cuando se halla en la capacidad de sentir, toma entre sus manos la lira, alza su voz misteriosa y terrible, y canta; pero ese canto tiene un no sé qué de incomprensible, que no nos es dado a todos comprender, sino cuando se llega a esta edad en que el más puro sentimiento nos diviniza, por decirlo así, transformado en pura sensibilidad las fibras de nuestro corazón. Y dudo que haya alguno que en su juventud no se sienta inspirado a esa hora en que viene, huyen y desaparecen las sombras de la noche.
¿Quién no se conmueve al contemplarse espectáculo sublime que nos muestra la naturaleza en las horas supremas en que la aurora esparce su corola virginal por el firmamento?¿Quién no se extasía admirando los caprichos celajes de la gualda y oro en el crepúsculo vespertino?¿Quién permanece indiferente en una noche de luna? Nadie, porque para esto era preciso no tener corazón.
Y hay quien diga que “La poesía es el arte de mentir en verso”, no; definición mal entendida es esa y desde luego se deja ver que no sabe lo que es poesía, que no comprenden ese sentimiento nacido del corazón, ese germinado que brota de un alma dolorida, ese sublime cantar inspirado de los más tiernos afectos; no es solamente una reunión de versos, como se ha dado en suponer pues verso según Dávila, no es más que la reunión de sílabas y acentos que, en virtud de su ingenio o con combinación. no puede menos de ser grata al oído. Y con frecuencia se verá que un verso cadencioso y arreglado al la versificación y a la métrica agradará y será digno de estudio por las excelentes reglas que lo construyen, pero no conmueve, no habla al corazón porque es hijo de la cabeza y del sentido común, la poesía es más que eso, la poesía, con su dulce sentimiento, nos eleva fuera de la órbita de todo cuanto nos rodea, y en tanto que vivimos entregados a tantas dichas, el ser físico sufre una anonadamiento tal que al fin sucumbe ante la fuerza de la imaginación; entonces no parece sino que Dios nos presenta la existencia del espíritu; porque nos parece estar mirando esa suprema divinidad, lo mismo que esos grandes poetas, esos seres privilegiados que leen el porvenir de los pueblos, y luego con su acordada lira, predicen el destino de la humanidad.
Tomo I Monterrey
Octubre 15 1887. Número 3.
Quincenal de literatura, social moral y de variedades
Dedicado a las familias.
La mujer
NN.
Que animada del sentimiento de su propia dignidad, llega a comprender todos sus deberes sociales y sabe cumplirlos sin jactancia en los casos que ocurran, es un precioso tesoro para el hombre que en el camino de la vida la encuentra y la toma por compañera; rico diamante perfectamente pulido, cuyos destellos iluminarán el alma del hombre, como una antorcha divina de esperanza y de consuelo; flor delicada cuyo perfume suave inundará el corazón de su amante de inefable y celestial ventura: su casa será la mansión de la tranquilidad y de la alegría, el regazo de las complacencias y de la virtud a adonde no podrá llegar la calumnia ni la maledicencia de los ociosos; ella será lo que verdaderamente debe ser la mujer “el encanto y poesía del hombre, al par que la base fundamental de las naciones. La mujer, dice el abate Constant, “es la palabra de consuelo y porvenir visible para nosotros a fin de que tengamos el valor de vivir.” “Nosotros que amamos y vivimos bendecimos a Dios y felicitamos a la mujer que nos ha dado la vida, porque ella es dos veces nuestra madre, puesto que al darnos el amor nos da una segunda vida, pero una vida divina.”
Y si todas las jóvenes se instruyeran y observaran la vida virtuosa y tierna que se ha dicho, ¿tendría algunos hombres justicia para dirigir sus severos anatemas contra unos seres tan dignos por mil títulos de respeto y de su amor? ¿Podrán echar en cara a la mujer su perdición y su desgracia? No; sino al contrario, la mujer, como reina de la naturaleza, levantaría su frente rodeada de una aureola de virtud y marcaría el hasta aquí a los desórdenes y a la audacia de cierta clase de hombres.
Dios en los decretos de su divina sabiduría, ha dispuesto que no todas las criaturas posean el mismo grado de inteligencia ni la misma fuerza de voluntad; pero es innegable que todas tienen un alma y una chispa de esa luz divina que el Creador difunde sobre sus hijos desde el momento de la concepción, luz que algunos escritores llaman razón natural, y que es el distintivo más importante entre el hombre y los demás seres creados por Dios. Nadie puede comprender desde niño si su inteligencia es más o menos apta para el estudio, y por consiguiente, no debe una joven arredrarse de trabajar en adquirir una regular instrucción, porque ella misma se considere incapaz, o lo que vulgarmente se llama tonta; nadie puede ser juez de sí mismo, y además es un principio reconocido que la naturaleza se perfeccione con el arte; y si en efecto una persona se estima como poco a propósito para el estudio, por creer que sus potencias intelectuales no la ayudan para tal empresa, esta persona está más interesada que cualquier otra de ingenio a dedicarse al estudio de los ramos propios de su sexo, para proporcionarse con éste estudio el conocimiento de las cosas, que su poca inteligencia no le permite comprender a primera vista. Cultivad una flor silvestre con el esmero y cuidado que recomienda el arte, y la veréis renacer tan hermosa y lozana como las flores más delicadas de un jardín y si la presentáis juntas a una persona de gusto no podrá distinguir cuál de las flores fue hija de las selvas y cuáles abrieron sus primeros pétalos en los elegantes sembrados del jardín.
Es verdad que en el cáliz de las flores no se encuentra un mismo grado de aroma, porque este es un don con que la naturaleza enriqueció a sus predilectas; pero también es cierto que la finura de sus hojas y las gracias de sus tallos, se las proporciona el arte dirigido por una mano inteligente.
Más si la joven ha sido dotada por la Providencia de una inteligencia clara y privilegiada, si su razón se adelanta a su edad, entonces no debe desperdiciar esta dicha que ha recibido del cielo, sino al contrario, ella debe dedicarse a cultivar tan preciosas dotes para que todas sus acciones y pensamientos sean puros y gratos a los ojos de Dios y de sus semejantes. “La Tierra, dice Santa Teresa1, que no es, labrada, llevará abrojos y espinas, aunque sea fértil, así el entendimiento del hombre”.
Tomo I Monterrey
Octubre 15 1887. Número 3.
Quincenal de literatura, social moral y de variedades
Dedicado a las familias.
La caridad
Ercilia García.
¡Feliz quien puede derramar en torno suyo el bálsamo consolador de la caridad! Feliz, quién abriga en su pecho el germen de esta santa virtud; que deshecha el ridículo egoísmo que anida en los seres vulgares. En las almas privilegiadas, dotadas de nobles sentimientos que Dios puso en el mundo para consuelo de la humanidad que llora, se encuentran la caridad cristiana, sin mezcla de esa hipocresía con que la cubren los que por mera ostentación dan una limosna, procurando hacerlo siempre donde sean vistos. La verdadera caridad se esconde, enjuaga las lágrimas del que sufre sin alarde. Y siempre basada en las santas máximas del cristianismo, hace en el mundo todo el bien que puede.
La caridad simboliza la perfección de los sentimientos; es el emblema que patentiza nuestra fe; es la flor delicada y hermosa que perfuma la existencia. Y la elegida poderosa que nos conduce al más allá venturoso.
En las horas amargas de la vida, en las horas de tedio y melancolía en que se apura la acibarada copa del dolor, ¡qué dulce encontrar una mano cariñosa que benigna enjuague las lágrimas y reanime la fe que nunca abandona el corazón cristiano!
Hay horas también de inmensa felicidad en la que el espíritu languidece a impulsos de dicha y ¡cuán grato es hallar entonces quien nos comprenda y goce al ver nuestra felicidad! Todo es caridad, gozar con la dicha del otro y llorar con el que sufre.
Caridad es sinónimo de abnegación y desinterés. Por eso dije ya, que sólo en las almas privilegiadas existe tan noble sentimiento que a semejanza de la tímida violeta que escondida entre el verde follaje exhala su suave y celestial perfume, así, los seres que están dotados por excelencia de tan sublime virtud, Esparcen en torno suyo el delicioso aroma de aquella púdica flor que significa modestia.
Por desgracia, a pocos les es dado comprender el tesoro inagotable que la caridad encierra. y quizá por eso la ven con indiferencia. ¡Oh la caridad! Sentimiento dulce y consolador del que dimanan todas las acciones nobles y bellas, y que a su influjo las facultades se desarrollan, dando a quien lo posee un bienestar inmenso de tranquila felicidad.
¡Bendita mil veces la caridad bien entendida, que tantos beneficios hace al mundo!

